Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

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martes, 26 de abril de 2016

Londres, 7 de octubre de 1919

Querido Atticus:

Me alegra saber que pronto estarás de vuelta. Recibí tu carta y apenas he tenido tiempo de leerla tantas veces como quisiera (me gusta releer varias veces tus misivas, para sentirte cerca cada vez). Tu madre me tiene bastante atareada con los preparativos de la boda. No es que mi madre no esté ilusionada, pero soy la tercera de sus hijas que se casa. Sin embargo, para tu madre es más especial. Al tener solo chicos, creo que echa en falta ese tipo de cosas. Por eso, lo que te cuento es un tono de alegría y no de queja. Me gusta ver que en mí ha encontrado esa complicidad. 

Me planteabas en tu última carta varias propuestas para la luna de miel. Sin duda, y aunque sea la más compleja, la que más me complace es la de ir a Detroit. ¿No nos vendría bien pasar varios meses lejos de aquí? Creo que nuestras familias y tu trabajo nos han absorbido demasiado en los últimos meses y necesitamos tiempo para nosotros. Además, podríamos aprovechar para visitar a tu amigo Sterling y comprobar cómo le va a Alina. Y, quién sabe, quizá sería una buena oportunidad para que comiences a entablar relaciones comerciales en el extranjero. No me malinterpretes, no me gustaría que tuvieras que trabajar en nuestro tiempo fuera, pero puede que sea una forma de contentar el anhelo de tu padre de ver su empresa crecer internacionalmente. ¡Mataríamos tres pájaros de un tiro! 
Aún así, lo iremos viendo a tu regreso, porque primero, tenemos que fijar lo más importante: ¡una fecha para el enlace!

Por cierto, comprobarás que esta vez no solo recibes una carta, sino también un regalo. Tómalo como un adelanto de mi regalo de bodas. La vi y me recordó a ti, espero que no te sorprenda que te envíe una pipa...

Te echa de menos y te espera,

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