Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

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lunes, 16 de mayo de 2016

Detroit, 21 de diciembre de 1919
Mi querido amigo Atticus:

Quizás para cuando te llegue esta misiva ya esté en tierras asiáticas, pero como no sé si la comunicación allí será buena, quería contarte en la madrugada de hoy, los últimos acontecimientos que por poco me hacen cambiar de opinión en mi nueva aventura. También siento que al final no te cases con Grace, es muy buena mujer y te hubiera hecho muy feliz.

Con lo que te ponía al inicio del escrito no sé por donde empezar, mi mano tiembla y apenas puedo sostener la pluma con firmeza, creerás que es por el frío pero te aseguro que mi temblequeo viene por otros motivos. Siento que la carta te llegue tan manchada de tinta, no es propio de mí, pero hoy es un día que ansiaba mas que nunca contarte lo que me había sucedido.

Sabes que mi preocupación era Alina, pues le conté a ella todos mis planes días después de haberte escrito la carta y de haber hablado con mi amigo Harper en China. Le hablé de que te había escrito para pedirte trabajo para ella y fue entonces cuando se enfadó nada más contárselo. Me decía que ni siquiera había consultado con ella para tomar tan difícil decisión de irme y la de mandarla a Londres. Creí que ese día abandonaba la clínica y ya no la volvería a ver más. Pero no lo hizo, acudió como cada día a su trabajo sin apenas hablarme salvo que no fuese del trabajo. Esto hizo que adelantase mi viaje y de querer irme para enero, decidí irme precisamente para la fecha de esta carta que te envío.

Después de ser un fantasma en mi propia clínica sin saber qué hacer con Alina, justo ese día recibí tu carta y ya me suponía lo que pondrías en ella, aunque me sorprendió lo de tu desenlace. Recordé entonces que tenía un amigo médico en mi misma ciudad y me reuní con él por si podría llevar él la clínica, pero me dijo que no podía. Sin embargo, me recomendó a un médico recién salido de la universidad y con muchas ganas de ejercer su profesión. Dos días más tarde me entrevisté con ese chico y te puedo asegurar que me causó por una parte muy buena impresión y, por otra parte, de haber estado en otra situación no le hubiera contratado, porque reconozco que es tremendamente atractivo, seguro que Alina se podría enamorar de él.

Ahora llega la parte por la que mi cuerpo siente escalofríos y no tiene que ver por el tiempo. Después de hablar con Joseph, mi joven médico, fui hablar con ciertas amistades para solucionar unos asuntos pendientes que ahora te relataré. Al día siguiente de la entrevista, acudió Joseph a la clínica como había acordado con él y cité a Alina así como a otra chica que recién contratamos para hablar con ellas. Les presenté a Joseph y les pedí que le enseñaran la clínica, ya que empezaría hoy mismo y cité a Alina para hablar en persona con ella. Una vez que Alina acudió a mi consultorio con una sonrisa en su rostro y hablando bien de la nueva incorporación, le pedí que entrase y cerrase la puerta. Estaba intrigada por lo que podría decirle y sin apenas mediar palabra alguna con ella, le extendí dos sobres encima de la mesa. Ella me preguntó que eran aquellos sobres y le dije que uno de ellos era su matrícula a la universidad para estudiar medicina, si la aceptaba estaba cubierta los años que estuviera estudiando y el otro sobre eran todos mis ahorros para que la administrase como ella quisiera y poder así sostener los gastos de la clínica. Se produjo un silencio, conociéndola sabía que los rechazaría, así que me adelanté a sus palabras y le dije: "Sé que te gusta la medicina y esto no puedes rechazármelo porque es un regalo para ti y el dinero lo necesitarás si quieres que la clínica funcione, ya que serás tú quien la dirija". Pensé que me reprocharía que otra vez hacía algo sin contar con ella, sin embargo, se abalanzó tan rápido a mí que ni siquiera pude reaccionar, si me hubiera pegado unas bofetadas no las hubiera visto, pero en su lugar recibí un abrazo fuerte y silencioso, al que yo correspondí.

Un día antes de mi marcha Alina había organizado una fiesta sorpresa de despedida, yo fingí no saber nada pero en los días antes de la fecha ya había recibido telegramas que cancelaban la invitación a la fiesta. El día de la fiesta, que sería unas horas antes de escribirte esta carta, todos los acontecimientos de la fiesta, las amistades, los conocidos, el ágape fueron cuidadosamente controlados por Alina y todo salió a la perfección. Hacía tanto tiempo que no acudía a celebraciones sociales que ya no sabía como comportarme. Cuando a una hora prudente se iban marchando los invitados, Alina, como si fuese la anfitriona de mi solitaria mansión, les pidió al servicio que vinieran temprano a recoger todo aquello y cuando despidió al último invitado, fue a la cocina con una botella de champán francés y mientras se acercaba a mí con la botella en la mano derecha y dos copas vacías en la izquierda, se iba descalzando sus zapatos de tacón negros. Al estar próxima a mí, me dijo que deseaba celebrar la marcha de su jefe a solas. Extendió su mano izquierda con las copas y esparció el líquido espumoso entre las copas y el suelo y ofreciéndome una  me preguntó si me había gustado la fiesta, le dije que sí mientras observaba aquella belleza de mujer casi irreconocible. Entre copa y copa sentía sus labios arder junto a los míos, sentía como su vestido fuese un papel al que habría que rasgar con delicadeza. Mi querido amigo Atticus, me hubiera gustado haber perdido la cabeza pero no fue así, entonces fue cuando se me durmió en el suelo, la cogí en brazos y la llevé hasta mi cama dejándola encima de su colchón mullido y tapándola con una sábana de franela. Te puedo decir amigo Atticus, que la encontré tan atractiva allí tumbada, que le hubiera robado un beso furtivamente, sin embargo, me consolé con observarla unos minutos y a la vez que escribía esta carta para ti, mi amigo Atticus, le dejaba una junto a su regazo agradeciendo las molestias que se había tomado para organizarme la fiesta, ya que no me atreví a despertarla para despedirme de ella.

Mi querido amigo Atticus, espero recibir tu próxima carta que me llegará a la dirección que te adjunto en el sobre y saber de ti al igual que yo te contaré mis aventuras por Asia.


                                                                                                                           Michael Sterling



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