Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

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sábado, 4 de julio de 2015

Londres, 4 de octubre de 1919

Querido Roderick,
Quizá ni siquiera llegues a leer esta carta, porque entendería que al ver el remite la rompieras sin tan siquiera abrirla. Aunque tengo esperanza en que la leas. Siento si esta carta puede causarte dolor, pero han llegado a mí noticias tan horribles sobre lo que está sucediendo en Alemania, hambrunas, mucha pobreza y enfermedades... supongo que ser los perdedores de una guerra pasa demasiada factura. 

Así que, tras pensarlo mucho, me animé a escribirte. Tenía miedo de que hubieras caído enfermo o de que estés pasando necesidades. Roderick, sé que el dolor que te causé es imperdonable, pero créeme cuando te digo que solo quiero lo mejor para ti, que puedas seguir adelante y, sobre todo, que nada malo te ocurra. 

Entendería que no me contestaras, pero te lo rogaría. Me bastaría un simple telegrama en el que dijeras que estás bien. 

Sin pretender molestarte más, atentamente, Grace

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