Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

Páginas

martes, 19 de julio de 2016

Chicago, 30 de marzo de 1920


Tu carta y la mención al tío de Elisabeth me fueron de gran ayuda. Cuando lo leí recé porque ese tío llevara su mismo apellido. ¿Y a que no adivinas? ¡Eureka! Di con él.

James Thompson lleva acomodado en Chicago desde hace años. Es un tipo con vista. Regenta varios locales en Chicago y le está sacando partido a esto de la Ley Seca. No le va nada mal al tipo. Me entrevisté con él hace unos días y déjame decirte que no me gusta nada. No es un caballero inglés al uso, más bien es un hombre que ha sabido adaptarse y aprovecharse de los reveses de la vida.

La buena noticia es que sabe perfectamente dónde está su sobrina. La mala es que no me dijo dónde ni quiere hacerlo. Pero mi trabajo no es sólo hablar con la gente y tengo un hilo que seguir.
La cosa se puso fea cuando insistí un poco para que me dijera algo más. De hecho falto poco para que sus matones me echaran del local.

Sí me dijo algo: Elisabeth está huyendo de alguien de Londres. "Ya lo ha pasado la pobre bastante mal", fueron sus palabras. ¿De quién puede huir y por qué? 

No tardaré mucho en escribirle y espero que sea para decirle que la he encontrado. Voy a merodear por los locales del señor Thompson, algo sacaré. Y una vez la encuentre pienso saber por qué se fue así de Londres. Tendrás todas tus repuestas, Crawley.

Me despido atentamente,

Scott Manley
Chicago, 1 de marzo de 1920


Ni siquiera sé qué responder a tu carta. Llevo mirando la botella de whisky desde hace horas, de hecho la tengo frente a mí. Pero no la he tocado. No la he tocado y la necesito.

Grace, sé que fui débil. Pero entiende que lo que hice fue un arrebato, estaba dolido. No quiero quitarme parte de culpa. Toda es mía. Pero entiéndelo.

Grace, he estado pensando lo que has dicho de que nuestra relación nos destruye y por un momento he creído que lo mejor es dejarlo y empezar una nueva vida, pero no. Me niego a tomar el camino fácil. Grace, ¿para esto hemos luchado tanto? Volvamos a empezar, pero juntos. Por favor, ven a mi lado. No voy a darme por vencido, sabes lo cabezota que soy. 

Recuerda aquella noche. ¿No deseas que todas las noches de tu vida sean así? Yo sí. Si no vienes junto a mí, volveré a por ti Grace. 

Voy a vaciar la botella que tengo enfrente. Te prometo que voy a vencer eso. Una vez estés a mi lado... ¿No te das cuenta de que me he apoyado en la bebida por no tenerte, por mitigar el dolor que me produce no estar contigo? Grace, si me dejas caeré en una espiral. Será mi fin. ¿De qué me ha servido no morir en la guerra si no he logrado estar contigo?

Ójala hubiera muerto en el campo de batalla.

Me despido y esperaré nuevas tuyas. 

Sigo amándote.

Roderick


martes, 28 de junio de 2016

31 de enero de 1920



Comenzaré esta carta diciendo que la decisión que tomaste de dejar la consulta en manos de Alina es lo mejor que podrías haber hecho. Es buena profesional a la vez que apasionada por la medicina y luchará porque todo vaya bien. Y, por supuesto, no me sorprende que actuases de forma caballerosa después de esa fiesta, aunque sé lo difícil que tiene que haber sido dejar a un lado tus sentimientos por ella.

En cuanto a mí... Durante las navidades descubrí algo sobre Rupert que me hizo abandonar la casa familiar para reflexionar sin la presión de mis padres. Sigo sin creerme que se tomaran bien lo de Grace y que inmediatamente estuvieran buscando a alguien con quien casarme. Así que aproveché mi necesidad de descanso para investigar sobre lo que esconde mi hermano. La persona que me está ayudando ha encontrado pistas en EE.UU y he decidido ir allí. No sé lo que tardará en llegar esta carta, pero para cuando lo haga estaré en Nueva York. Fíjate, tú te vas a China para huir de tus sentimientos y yo voy a EE.UU a intentar encontrarme con los míos.

¡Qué cabeza tengo! Llevo media carta y no te he preguntado qué tal estás. Cuéntame, Michael, ¿va todo bien? Estoy seguro de que estás haciendo una gran labor a pesar de la difícil situación.

Te envío mis mejores deseos,

Atticus


Londres, 2 de marzo de 1920

Tenías razón. No nos queda ninguna cosa pendiente. Recurrí a ti porque no sabía a quien acudir. Fue otra vez la Grace egoísta quien mandó esa carta. Pero se acabó, Atticus. No quiero ser ser esa persona nunca más. Ya no es necesario que te pida ayuda. Una ayuda que, por cierto, no tenías por qué prestarme. Precisamente se trataba de echarme una mano para cruzar el océano. Finalmente veo que serás tú quien lo haga. Sólo espero que sea cual sea tu propósito, te lleve a la felicidad. Estas últimas semanas no he dejado de pensar en los últimos años y en todo lo que nos ha pasado. más bien, en todo lo que hemos hecho que nos pasara. Siento que mis decisiones te arrastraran a ti y te causaran dolor. En ese momento, sólo tenía ojos para mí y mis sentimientos. 

No puedo decir que me haya gustado aprender esto a base de los golpes dados y recibidos, pero al menos creo que ahora podré ser alguien menos egoísta.

Te lo voy a contar yo, porque quizá han llegado a tus oídos los rumores. Aunque mi familia se haya encargado de intentar taparlos, al final todo se sabe en las altas esferas. Atticus, sin entrar en detalles, sufrí un aborto. No como consecuencia de ello, pero sí de mi actitud posterior, decidí que había llegado la hora de poner fin a mi relación con Roderick. No pienses que te cuento todo esto para darte pena o para intentar atraerte de alguna forma.Lo que ha pasado, ha sido culpa mía. Te lo cuento porque quiero darte un consejo. No temas nunca, no aceptes lo que te impongan, ni siquiera lo que tú mismo te impongas porque creas que es lo adecuado. Y ama. Pero ama bien, con todo el corazón y dejándote llevar. No cometas mis errores. 

Con esta carta, me despido. A pesar de no pedirte ya nada en ella, creí conveniente contestarte para cerrar este círculo. Quizá en unos años nuestros caminos se vuelvan a cruzar y nos encotnremos con un Atticus y una Grace que por fin están en paz. Gracias por todo. Se feliz. 

Grace
Londres, 1 de marzo de 1920

Ésta es la tercera carta que inicio hoy. Tal vez debería dejar más tiempo para contestarte, por aquello de no responder cuando el dolor y la rabia son los que mandan. Pero creo que no nos merecemos más demoras y necesitamos, de una vez por todas, seguir adelante con nuestras vidas. Me habría gustado que esa vida fuese contigo. Sé que yo misma, muchas veces, no he sido coherente con mis decisiones y actuaciones. No dejo de preguntarme si por fin estaríamos juntos si yo no hubiese tomado la decisión de casarme con otro, si hubiese sido valiente y hubiese ido en tu busca cuando debí hacerlo. 

Me arrepiento, Roderick. Me arrepiento porque con aquello sólo cree dolor a mi alrededor. En casa soy una extraña a la que mis padres desean quitarse de encima, por ser su mayor vergüenza. Ya no cuento ni con su cariño ni con su apoyo. Y yo tampoco los mendigo. Hice daño a Atticus y vuestra amistad se rompió. Tú volviste a la bebida una y otra vez, en cada golpe. Pero fue en el último cuando caíste más bajo. Intento no culparte, porque no quiero que tanto amor acabe en odio. Pero me cuesta, Roderick, me cuesta mucho. En las líneas anteriores reconocía mi parte de culpa, supongo que tengo lo que me merezco. Pero eso no quita para que no lo acepte. 

Con todo lo que te he dicho arriba, quería que llegases a la misma conclusión que yo he llegado. Este amor es demasiado destructivo. Nos destruye a nosotros y destruye a los de nuestro alrededor. Creo que lo mejor es que esto acabe aquí, Roderick. No podemos seguir así. Cuando no son los demás, somos nosotros los que construimos muros entre los dos. Y yo ya no puedo seguir así. 

Nunca amaré como te he amado a ti. Nunca seré de nadie tanto como lo fui tuya aquella noche, Y todas las noches desde que te conozco. Pero por ese amor tan grande, porque quiero que vivas sin más preocupaciones, me despido de ti. 

Siempre tuya, Grace

sábado, 25 de junio de 2016

15 de febrero de 1920



Primero de todo darle de nuevo las gracias por embarcarse en esta investigación, aun teniendo tan poca información por donde empezar. No se hace una idea de cuánto me alegra saber que está viva en algún lugar. Sin duda, tuvo suerte al encontrarse con el matrimonio Hawkings.

Lo que me resulta extraño es que fuese a parar a Chicago. Nunca mencionó que fuese una ciudad a la que le gustaría ir. Además, me pregunto cómo consiguió pagar el viaje, Elisabeth es de familia humilde y no tenía contactos con dinero en Londres, al menos no que yo supiese. Espere, mientras escribía esto acabo de recordar algo. Sí me habló de Chicago... Ustedes la conocen como “La ciudad de los vientos”, ¿verdad? Eso es. Una vez me enseñó una carta de su tío James en la que le hablaba sobre la ciudad de los vientos. “Te encantaría, Lizzie, aunque odies despeinarte por el viento”, le decía. Me acuerdo porque se rió a carcajadas cuando leyó esa frase y era imposible que su risa no se te quedara grabada...

Bueno, no creo necesario extenderme más. Espero que le sirva de algo la breve información. Cuando le llegue esta carta, imagino que estaré rumbo a Nueva York tras solucionar unos asuntos. Le envío la dirección donde me alojaré. De nuevo, confío en su discrección.

Atentamente,


Atticus Crawley
Volgogrado, 4 de febrero de 1920



Siempre es una alegría abrir el correo y encontrar noticias tuyas. ¡Mi hermana Alina administrando una consulta en Estados Unidos! Cuando leí la carta en casa, mamá y papá lloraban de emoción. Estamos muy orgullosos de ti y de que el Dr. Sterling se cruzara en tu camino. Todo un caballero además, otro se habría aprovechado de la situación. No te preocupes, la última parte de la carta la leí para mí. Espero que todo le vaya bien en China. ¡Qué valiente!

Por cierto, el broche que me envías es precioso. Sé que debería ponérmelo, papá dice que le gusta cómo me queda, pero yo lo he guardado como un tesoro. Debo decir que me preocupé un poco cuando me dijiste cómo ganaste el dinero para comprar el broche... Esta parte de la carta también la omití, sé que nuestros padres pondrían el grito en el cielo. Por otro lado, me hace mucha ilusión que lo pasaras tan bien durante las fiestas y conocieras gente nueva, de lugares diferentes. ¡Cuántas historias para escuchar y contar!

Aquí las cosas van bien. Llevamos un tiempo con un único tema de conversación: la independencia de Estonia. Hace dos días se firmó el Tratado de Paz de Tartu y Estonia ha dejado de pertenecer a Rusia. Papá dice que lo importante sería que Rusia cumpliese con este tratado, pero está seguro de que no será así. Mamá, sin embargo, solo piensa en que es un paso positivo. Hablando de mamá... En mi anterior carta comenté que no se encontraba muy bien. La verdad es que ha empeorado, supongo que este frío no es bueno para nadie, aunque no hay de qué preocuparse. Muchas veces me ha dicho que debería irme contigo y empezar una nueva vida en Estados Unidos, que me lo merezco. Sin embargo, sería incapaz de dejarlos. Espero que en mi próxima carta te pueda dar mejores noticias sobre la salud de mamá.

Anton volvió a Kazán, su abuela materna falleció pasadas las navidades y fue un duro golpe para su familia. Él siempre me hablaba de ella, decía que fue la persona que más lo cuidó cuando era pequeño. Nos hemos estado escribiendo... Le echo mucho de menos, Alina. Ojalá vuelva pronto.

No me entretengo más, hay mucho que hacer en casa.

Te mando un abrazo de parte de los tres, esperamos tu próxima carta con muchas ganas. Mucha suerte con la consulta.

Tu hermana, papá y mamá.



P.D: ¿De verdad han prohibido el alcohol? Papá se pregunta que a qué clase de lugar te has ido. Él siempre intentando poner humor a la situación.


4 de febrero de 1920


En efecto, tu carta me ha sorprendido mucho y estoy intrigado, pues creo que no tenemos ningún asunto pendiente. Nuestros últimos encuentros fueron difíciles, es cierto, pero prefiero recordar los buenos momentos y en honor a ellos no te negaré nunca mi ayuda. Desafortunadamente, no me encuentro en Londres debido a un inesperado acontecimiento y me es imposible acudir a la cita en el teatro. Tu carta ha llegado a mis manos gracias a alguien de confianza que tengo en la casa familiar.

La única solución que se me ocurre es que envíes una carta a casa y la persona de la que te he hablado me la hará llegar. Supongo que te resultará extraño que no te dé mi actual dirección... Simplemente no deseo que los asuntos que me ocupan ahora mismo lleguen a oídos de mi familia, que creen que necesitaba unas vacaciones después de lo ocurrido con nuestro enlace. Por favor, no tardes en contestar, pronto me aventuraré a cruzar el océano y me gustaría poder ayudarte antes de irme.

No me despido sin mostrar mi preocupación sobre lo que me cuentas de ese “espía” que te sigue día y noche, aunque, por otro lado, era algo de esperar conociendo a tu madre. Ojalá no se convierta en un problema mayor.


Espero tu respuesta,

Atticus.



miércoles, 22 de junio de 2016

Chicago, 20 de febrero de 1920


Mi añorada Grace,

No sabes lo que he sufrido. De verdad pensaba que ya no querías saber nada más de mí. En estas largas semanas, ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado, he hecho cosas de las que me arrepiento. He vuelto a beber. No podía más, Grace. Me estaba volviendo loco. 

Pero eso no es lo peor. Hay algo... algo que quizás no me perdones. Pero tengo que contártelo, lo necesito. Una de esas noches... había bebido y apenas sabía lo que hacía. No era consciente de mí mismo. Grace, lo siento.

Una muchacha morena de pelo ondulado y ojos azules vino donde yo estaba y... Grace, te la describo porque su belleza me perturbó. Y tú... ¡yo no sabía nada de ti! Quería olvidar, olvidarme de ti.

Grace, qué ingenuo fui. La muchacha sólo buscaba... en fin. Me pidió dinero cuando se marchó de la habitación. Yo no vi que ella... en fin, Grace, era una mujer de vida alegre y yo no me di cuenta.

Lo siento. Lo siento tanto. Espero que algún día puedas perdonarme. Te sigo esperando, mi amor.

Siempre tuyo,

Roderick
Chicago, 3 de febrero de 1920


Estimado señor Crawley,

He de reconocerle que no me está siendo demasiado fácil dar con la señorita Thompson. Lo primero que hice al llegar a Chicago fue intentar rastrear su nombre. Esperaba que no hubiese cambiado su identidad a fin de no dejar rastro, pero por suerte no fue así y tras unos días di con un hombre que le había alquilado la casa hacía 3 años a una tal Elisabeth Thompson. Las probabilidades de que fuera ella eran pocas, pero aquello era mejor que nada, así que me cité con el hombre, Paul Hawkins.

Me dijo que hace tres años, una muchacha morena, de ojos azules, muy hermosa, le había pedido por favor que le alquilara su apartamento. Cuando la chica escuchó la suma del alquiler, bajó la mirada desconsolada. Era obvio que no tenía tanto para pagar, pero Paul la vio tan perdida y sola que le bajó el alquiler a la mitad. No es lo que está pensando, joven Crawley, el señor Hawkins no parece la clase de hombre que intenta aprovecharse de una muchacha. Además, pronto descubrí que el hombre estaba casado con una mujer también muy honorable. La acogieron ambos como una hija.

La chica estuvo aquí hasta hace unos meses, pero, por desgracia, no supieron decirme a dónde se había mudado.

Cuando les enseñé la foto al matrimonio a ambos se les iluminó el rostro. Mostraron gran ternura por Elisabeth. Sin duda, era ella. "Mi niña" la llamó la señora Hawkins y se echó a llorar silenciosamente.

No entendía por qué no les había dicho a dónde iba. Parecía que habían estrechado fuertes lazos y ella se iba así, sin más. Tenía que estar huyendo de algo o alguien, pero, ¿de qué o quién? Los Hawkins no supieron responderme eso. Me dijeron que era una chica muy responsable y trabajadora. Había logrado pagarles la cantidad total del alquiler a pesar de que ellos se negaran. Además ayudaba en casa siempre. 
Ambos se mostraron muy preocupados por la señorita Thompson y les prometí que, si la localizaba, les diría dónde estaba.

Hasta aquí sé de ella, de momento, señor Crawley. Si tiene más datos, por tonto que parezca, por favor, no dude en hacermelo saber. Es importante.

Me despido atentamente, 

Scott Manley



martes, 21 de junio de 2016

Londres, 2 de febrero de 1920
Querido Atticus: 
Probablemente hayas abierto esta carta con extrañeza. Sé que una carta mía en estos momentos es lo último que esperas. No tengo derecho a pedirte nada, después de todo por lo que te he hecho pasar. Pero estoy desesperada. No sé a quién recurrir. Espero que entiendas que no puedo explicarte por carta lo que me sucede. Sé que mi madre ha contratado a alguien que me sigue allá donde vaya. Necesito hablar contigo. ¿Sería posible que nos reuniéramos en la entrada principal del teatro el próximo sábado a las 6 de la tarde? Tengo entradas, pero estoy convencida de que no las tendrá el sabueso que mi madre ha contratado. Sólo necesito que crea que vamos a la representación juntos, una vez dentro, podemos escabullirnos a la cafetería del teatro, donde podamos hablar con calma. Tranquilo, mi madre se quedará conforme si sabe que tengo una "cita" contigo. Esperaré tu contestación. Entenderé que no acudas, y respetaré tu decisión. 

Un saludo afectuoso, Grace
Londres, 2 de febrero de 1920
Querido Roderick: 
Probablemente hayas pasado ya de la preocupación al enfado por no haber sabido de mí en todo este tiempo. No he dejado de pensar en ti ni un solo instante, no pienses que me he arrepentido de nuestra decisión. Quiero estar contigo, quiero que, por fin, podamos ser marido y mujer y no tener que responder ante nadie más. He tenido que reunir muchas fuerzas y valor para, por fin escribirte. No temas, querido, estoy haciendo todo lo posible para reunirme contigo de una vez por todas, pero debes ser paciente. Pronto estaremos juntos y entenderás todo lo que ha pasado. 

Te sigue amando, y lo hará siempre
Grace

jueves, 2 de junio de 2016

15 de enero de 1920

Voy a empezar este diario únicamente para ir anotando cada detalle y nuevo avance de este nuevo cometido que me ha sido encargado.

El pasado día 31 me encontré en Londres con Atticus Crawley, el cual se puso en contacto conmigo por carta urgente. 
Nos habíamos conocido hacía un par de semanas en una fiesta de una importante familia de Londres. En cuanto leí la misiva supe de quién se trataba, el joven Atticus causa muy buena imagen allá por donde va, hubiese sido difícil olvidarle. Tuvo suerte de que yo aún siguiera en Londres, pues pretendía volver a Chicago en unos días.
Acudí muy intrigado a la taberna donde me había citado, ya que en la carta me decía que quería encontrar a una persona de la cual no sabía nada desde hacía dos años. 
En la taberna, Atticus me contó que quería dar con Elisabeth Thompson. Me entregó una foto suya y una carta que su hermano tenía escondida, en la cual ella se despedía. Hacía dos años de aquello.
Primero le pregunté qué relación tenía con aquella muchacha, a lo que no me quiso contestar. Era obvio que se trataba de una amante. Pero como un caballero que soy, no insistí en aquella cuestión y le dije que debería hablar con su hermano, lo cual me prohibió tajantemente. Su hermano no debía saber nada de aquello.
Eso me dificultaba bastante más las cosas, ya que era el primer hilo del que podía ir tirando, pero en peores casos me he encontrado así que asentí serio.
Lo peor de todo era que aquello trastocaba mis planes de volver a Chicago. Una investigación así no se realiza en sólo unos días. Así que le propuse a Atticus que investigaría lo que pudiera en el tiempo que me quedaba allí y no le cobraría mis servicios ya que la investigación podría quedar inconclusa.
Esto no le agradó al joven, lo cual comprendo, pero le expliqué que tenía mucho trabajo en Chicago y no podía darle de lado. Al final, aunque a regañadientes, aceptó.
No es que yo le ofreciera mis servicios gratuitos por simple generosidad. Aquel caso me había parecido interesante y le hubiera dedicado mucho más tiempo de disponer de él.

Cuál fue mi sorpresa que tras algunas pesquisas, una pista me llevaba hasta Chicago. Fue una amiga de la muchacha la que me dijo que ella siempre hablaba de irse a América, de viajar hasta Chicago para olvidarlo todo. La joven, por supuesto, no sabía si se encontraba allí realmente. También hacía un par de años que no sabía nada de su amiga. De repente se la había tragado la tierra, me dijo. 
Se alegró muchísimo de saber que alguien seguía su pista y me hizo prometerle que le haría saber cualquier nueva que tuviera de su amiga.

Esto cambiaba las cosas, muy a mi favor, ya que podría continuar mi tarea a la par que trabajaba en otros asuntos desde Chicago. Se lo comuniqué a Atticus y le dije que debería abonarme por mis servicios una vez comenzara a trabajar desde América. El joven estaba eufórico y no dudó en aceptarlo. Le dije que no se hiciera demasiadas ilusiones, ya que no era una vía de investigación demasiado sólida.

En fin, lo que sigue es obvio. Viajé de nuevo hasta Chicago, y aquí estoy, en mi humilde apartamento. Sentado frente a mi máquina de escribir y una tenue luz que proyecta mi sombra en la pared de mi despacho. Me resulta gracioso, esa sombra dice que soy alguien y yo no lo creo.

Mañana me espera demasiado trabajo, es hora de descansar. Le daré un buen trago a mi petaca para conciliar bien el sueño. Empiezo a desvariar.


Scott Manley
Londres, 1 de febrero de 1920
Querida Alina:
Aunque haya pasado ya un mes desde que inauguramos año, yo todavía no he tenido la ocasión de desearte uno muy feliz. Sabía que podía confiar en ti al hablarte de mi ruptura con Atticus. Aunque no nos hemos vuelto a ver desde que quedamos para hablar, sé que Atticus empieza a mover hilos. El tiempo comprometidos y los círculos por donde nos movemos, me han permitido saber que andaba nervioso. Todo el mundo me culpaba a mí, aunque nadie, salvo mis padres, me lo digan directamente. Pero yo sé que Atticus anda tramando algo que nada tiene que ver conmigo. Ojalá todo le salga bien. En nuestro último encuentro comprobé que, aunque como matrimonio habríamos fracasado, es mucho el aprecio que siento por él y espero que algún día hasta podamos ser amigos.
Leo que tú sí forjas nuevas amistades. Lo cierto es que me encanta leer que Lillian te ayuda tanto y que en ella has encontrado el necesario apoyo que necesitas. No dudo de la belleza de tu amiga, pero créeme que tú no puedes quedarte atrás. Cuando llegaste, llenaste todo de un encanto que poca gente tiene. Y no hablo sólo de tu físico. Hablo también de que irradias buenas sensaciones y paz. Alina, los días que pasamos juntas para mí fueron una suerte de bendición en ese sentido. Parece que te esté escribiendo un amante y se me escapa una risilla al releer todo esto. Pero quería que supieras eso, para que nunca te sientas menos que nadie y menos ahora que necesitas ser más fuerte que nunca. En cuanto a lo demás, disfruta y déjate llevar. No estás en Volgogrado, como dices, y ese largo viaje que emprendiste no fue más que para poder ser tú misma.
Igual te preguntas por qué he tardado tanto en escribir, cuando hace días que recibí tu carta, y por qué el remite sigue siendo el mismo de siempre. Alina, lo que te voy a contar no es fácil, pero creo que como enfermera, mujer y, sobre todo, amiga, eres la que mejor me va a entender. He estado un par de semanas ausente y apartada de todo, aislada en nuestra casa de campo. La versión oficial es que me encontraba enferma y necesitaba reposo. Sólo mi madre y mi  hermana mayor saben la verdad. Ahora tú también lo sabrás. Sufrí un aborto bastante estrepitoso y perdí al hijo que esperaba de Roderick.
En Navidad fui consciente de que tenía una falta y hacía apenas un mes de nuestro encuentro. Sin embargo, no quise contarle nada a él, confiaba en que pronto estaríamos juntos y podría decírselo en persona. Pero nada ha salido como esperaba y esto, además de minarme física y anímicamente, lo ha complicado todo. Mi madre prefiere no hablar del tema, pero sé que en estos momentos me repudia. Tengo miedo de que piense que Atticus era el padre y tome algún tipo de medida errónea. Creo que debería hablar con él, pero no sé cómo hacerlo. Y por otro lado está Roderick, al que ni me he atrevido a escribir. ¿Qué podría decirle? ¿Cómo le explico el motivo por el que todavía no he podido viajar cuando apenas me atrevo a pensar en ello?
Espero que para cuando recibas esta carta, haya encontrado todas las respuestas.

Te desea lo mejor,

Tu amiga Grace

miércoles, 1 de junio de 2016

Detroit, 5 de enero de 1920

Querida Grace:

Antes de nada, ¡feliz Año Nuevo! Espero que esta carta te llegue antes de que emprendas el viaje.
Me apena saber de la ruptura de vuestro compromiso y lo siento mucho por los dos, pero aunque conozco a Atticus de hace más tiempo, no significa que no pueda entender tu posición y nunca te daría de lado por seguir tu corazón.
Me parece muy valiente lo que estás a punto de emprender, te deseo mucha suerte, pues el viaje puede resultar complicado y nada me gustaría más que poder vernos, sea aquí en Detroit o en Chicago, que para lo inmenso que es este país, no está demasiado lejos.
En cualquier caso, puedes confiar en mi discreción, por supuesto que no le contaré nada a Atticus. Podría decir que te lo debo por cómo me trataste cuando estuve en Inglaterra o por interceder por mí ante Atticus por los planes del dr. Sterling, pero simplemente es porque te considero mi amiga.

Espero que hayas pasado una Navidad agradable, disfrutando de tu familia, sobre todo sabiendo lo que te espera. Esta ha sido una Navidad muy diferente para mí, los americanos tiran la casa por la ventana en esta época y todo estaba precioso. El día 25 lo pasé con mi amiga Lillian en el restaurante alemán del que te hablé, sería maravilloso que pudiéramos ir con tu Roderick también, seguro que le encanta.
El dr. Sterling partió hace unos días, pero lo creas o no, ¡me dejó a mí a cargo de la consulta! También me dejó el dinero necesario para mantenerla, no sé cómo le podría agradecer todo lo que ha hecho por mí, pero intenté expresarlo organizándole una fiesta de despedida que creo que le agradó.

Aparte de estar un poco triste por su partida, yo estoy muy bien, Lillian tiene conoce a un montón de gente y a menudo vamos a bailar a algún club. Me siento un poco frívola, sabiendo cómo está Europa y Rusia, e incluso de Irlanda he sabido por los periódicos. Pero querida, he sufrido tanto estos dos últimos años intentando llegar a América, que Dios sabe que me merezco un poco de diversión de vez en cuando.
Lillian suele atraer muchos admiradores, es muy bonita y viste muy a la moda. Yo prefiero quedarme un poco al margen y observar a la gente, aun no me siento demasiado cómoda en este ambiente, pero de vez en cuando, siempre para mi sorpresa, algún hombre me pide bailar o me invita a una copa.
¡Jamás hubiera imaginado verme en esta situación en Volgogrado!

Espero que pronto puedas darme tu nueva dirección y que nos veamos, ten cuidado y que seas muy feliz con tu amado.

Te desea todo lo mejor,
Alina
Chicago, 20 de enero de 1920

Mi amada Grace:

Han sido dos semanas muy duras, viajando en un barco junto con muchas otras personas que intentaban escapar de las penurias de la vieja Europa. Pero al fin lo he logrado, aunque haya descubierto que me marean los barcos. Llevo ya dos días aquí. He esperado para escribirte porque tuve ciertos problemas con la casera que me renta el apartamento. Al parecer al verme en persona no le inspiré la suficiente confianza. Aunque lo pude solucionar todo y finalmente aquí estoy. Está será mi dirección.

Aún no he podido ver la ciudad demasiado bien, han sido dos días algo caóticos. Pero todo es tan diferente... Lo noté desde que puse un pie en tierra. Parece que nos lleven años de adelanto. Es aquí, y en sólo dos días, donde me he dado cuenta del daño que nos ha hecho esta absurda guerra. Europa ha perdido mucho por el camino y eso me entristece...

Como te decía, aquí cada uno tiene su vida y nadie está tan pendiente de lo que hace cada uno. Es un alivio, aquí podremos ser felices por fin. Nadie nos mirará mal por ser alemán e inglesa y nadie sabrá nuestra historia. Una nueva vida, la cual nos merecemos mi amor.

Como te dije en mi anterior carta, necesito que me cuentes lo que pasó entre Atticus y tú el día que os visteis. Estoy en un sin vivir, me duele haberle hecho este daño a mi mejor amigo. Aquel día que nos vio, noté en su mirada algo muy triste. Me apena verlo así.

En cuanto a nosotros: ya sabes dónde vivo. Espero que puedas solucionarlo todo pronto para que puedas venir cuanto antes. Estoy ansioso por reunirme contigo de nuevo. Quiero hacerte mía cada noche, Grace. Sueño con ello cada día. Al fin vas a ser mi esposa.

Me despido ya, mi amor. Espero recibir pronto noticias tuyas.

Siempre tuyo, 

Roderick

Detroit, 5 de enero de 1920

Querida Katenka:

¡Feliz Año Nuevo! ¡Y feliz Navidad! Ha sido muy extraño vivir la Navidad aquí, el 25 de diciembre en lugar del 7 de enero. La pasada Navidad aun estaba tratando de llegar aquí y no le dí tanta importancia, pero este año he vivido una Navidad americana. No puedes imaginar lo bonito que estaba todo, con luces de colores en las calles y los escaparates de las tiendas decorados con primor.
Creía que me iba a sentir muy triste, tomando conciencia de lo lejos de casa que estaba, pero mi amiga y vecina Lillian lo atenuó un poco, pues ella tampoco podía visitar a su familia que vive en el estado de Idaho, casi en la otra punta del país, así que pasamos esos días juntas.
El día 25 fuimos a comer a un restaurante alemán que hay cerca, para mi sorpresa, estaba lleno. Todos inmigrantes, que como yo, no tenían otro sitio donde ir.
Fue muy divertido, la comida es muy buena y los dueños son dos alemanes generosos con la cerveza, incluso en estos tiempos en que está dando mucho de que hablar, pues el gobierno pretende prohibir el alcohol.
¿Te imaginas que intentasen prohibir el vodka en Rusia? El mero pensamiento me hace reír.

Pasamos todo el día en el restaurante. Lillian es muy abierta y enseguida traba amistad con todo el mundo, yo me dejo llevar. Cuando se hizo de noche ya conocíamos a los dueños por el nombre de pila y a la mitad de la clientela, algunos rusos también, dos de San Petersburgo y uno de Kolyván. 
Al final, uno de los dueños, Oliver; el compatriota de Kolyván que se llama Fédor y su novia americana, Betty y otros dos hombres, uno francés y uno italiano (no sé cómo escribir sus nombres) nos invitaron a una partida de cartas en la trastienda del restaurante. Al principio no estaba segura, después de todo eran desconocidos, pero como Lillian y Betty parecían tan animadas, me uní a ellos. No se me dio mal del todo y con lo que gané, te compré este broche que te adjunto, espero que te guste.

El tema del doctor Sterling se ha solucionado por sí solo, aunque de una forma un poco drástica: El día dos partió hacia China, para ayudar a un amigo médico allí, probablemente para no volver.
¿Sabes qué hizo? ¡Me entregó una gran suma de dinero para que yo administre la consulta! ¿Puedes creerlo? La confianza que deposita en mí me abruma, pero no podría estarle más agradecida. Y eso no es todo: se ofreció a pagarme la universidad para que estudie medicina. Casi rompo a llorar de la emoción (me ofreció las dos cosas al mismo tiempo), pero le contesté que prefiero dedicar mi tiempo y mis esfuerzos ejerciendo de enfermera y administrando la consulta, aumentando mis conocimientos por mi cuenta a estar varios años más solo estudiando sin poder trabajar, cuando tanto hay por hacer.
Lo entendió perfectamente.
Para agradecerle todo lo que ha hecho por mí, le organicé una fiesta sorpresa de despedida, fue todo maravillosamente y creo que le gustó el detalle.
Eso sí... al final de la velada, no sé qué se metió dentro de mí (el champán, probablemente), que le busqué a solas para agradecerle una vez más todo lo que le debo. Así se lo dije, y cuando sentía que no sabía hasta dónde sería capaz de llegar, pues había una especie de electricidad en el aire entre nosotros...
Me desperté a la mañana siguiente, completamente vestida y tapada con una manta, con una nota suya explicando que me había desmayado, dándome las gracias por la fiesta y diciéndome adiós, pues no se atrevía a despedirse personalmente.
Me dejó un sabor agridulce (y bonita imagen dí para despedirlo, cayéndome borracha en el sitio), pero lo hecho, hecho está y me alegro de que no pasara nada de lo que me hubiera arrepentido.

Me alegro mucho de que Anton os esté ayudando, espero que lo de nuestra madre no sea grave.
Por lo que me cuentas, ya me cae bien. Pero como hermana mayor, estoy obligada a decir: ¡Ten cuidado! Aunque, ¿cuándo me has hecho tu caso?

Un abrazo para todos. Os quiere,
Varuschka
Detroit, 5 de diciembre de 1919

Querida madre:

Me alegra enormemente saber que estáis bien, pero también me apena no haber podido contactar con Roderick. Por favor, en cuanto recibáis noticias suyas, dame su dirección, hay demasiado por aclarar entre él y yo.

Madre, ¿no leíste mi carta? Todo está bien ahora, el restaurante funciona muy bien y no tengo necesidad de vuestro dinero, así que aquí os lo devuelvo, y aumentado, porque a mí nada me falta pero temo por vosotros en Berlín. Por eso os mando dólares americanos, es una divisa mucho más fuerte que el marco, guardadlos bien para una emergencia. Dios quiera que no ocurra nunca y podáis gastarlos a vuestro placer cuando todo este horror acabe.

Y respecto a lo de volver... Lo siento, pero no puedo. Os quiero, pero no soporto vuestras presiones para casarme y ascender socialmente, como ya dije en la carta que debía ser para mi hermano.
No puedo renunciar a la libertad y a las oportunidades que América me brinda, estar donde estoy ahora, después de todo lo que he pasado, es el mejor ejemplo de ello.
No sólo no puedo, sino que no quiero.

He de irme, tengo que trabajar. Sé que es pedir lo imposible, pero no te angusties por mí, madre, todo va bien. Tened cuidado vosotros y dime algo en cuanto sepas de mi hermano.

Tu hijo que os quiere, 
Oliver

martes, 31 de mayo de 2016

Londres, 30 de diciembre de 1919

A la atención de Scott Manley:


Mi nombre es Atticus Crawley, no sé si me recordará. Nos conocimos hace un año durante una fiesta en casa de los Alridge. Sé que si no fuese usted bueno en su trabajo, no hubiese sido invitado a la reunión. Seré breve. Esta carta es para solicitar sus servicios, necesito que me ayude a encontrar a una persona. No será una tarea fácil, hace un par de años que no tengo noticias suyas.

Le ofreceré una buena suma por el encargo, de eso puede estar seguro. Le pido que sea discreto, aunque supongo que no hacía falta decirlo, y que los detalles solo los tendrá cuando le vea en persona. Si está interesado, espero que lo esté, estaré mañana por la tarde a las 17:00 en la taberna The Big Table, en la mesa junto a la chimenea. Si no aparece, daré por hecho que no tiene ningún interés y que ha destruido esta carta.

Le saluda cordialmente,


Atticus Crawley.
Londres, 30 de diciembre de 1919


Querido Thomas,

Espero que la estancia con tu familia en Oxford esté siendo maravillosa. Mañana en la reunión de fin de año te voy a echar en falta. Asistirá mucha gente, mis padres se han encargado de ello, pero me sentiré tan solo. Mi familia insiste en continuar como si no hubiese pasado nada a pesar de las habladurías y las miradas que me persiguen.

No he vuelto a ver a Grace después de que me citara para explicármelo todo. Nunca hubiera imaginado lo que estaba pasando, ni que Roderick, mi amigo, estuviese detrás de todo. Al principio creí que lo que sentí al verlos era rabia porque Grace estuviese enamorada y fuese de él, pero cuando más tarde hablé con ella supe que no era así. La razón de mi rabia es porque ellos se tienen el uno al otro y yo no voy a tener eso nunca. Te cuento todo esto porque sé que eres el único amigo que tengo capaz de entenderme. Por supuesto, preferirías que te lo contara en persona pero no seguiré en Londres cuando vuelvas y tenía que hablarte de esto y contarte otra cosa que he descubierto.

Hace dos noches no podía dormir por todo lo que había pasado. No estaba enamorado de Grace, pero le tenía un gran afecto y, en cierto modo, la echo de menos. Decidí bajar a la biblioteca, pero cuando estaba próximo a la puerta vi que una de las lámparas estaba encendida. Me acerqué un poco más, hasta que pude escuchar la voz de Rupert. Hablaba por teléfono. Mencionó que guardaba algo en el cajón de su habitación, bajo llave, y que yo no podía enterarme bajo ningún concepto. Volví a mi habitación. Como adivinarás, al día siguiente no puede evitar investigar. No estoy orgulloso de rebuscar en el escritorio de mi hermano, pero me resultó de lo más extraño y necesitaba pensar en otra cosa que no fueran Grace y Roderick.
Rupert siempre lleva esa llave encima, así que tuve que poner en práctica las lecciones sobre abrir cerraduras que nos enseñó Hugh durante la universidad cuando nos olvidábamos la llave de casa.
En el cajón de la derecha había varias cosas, pero lo que llamó mi atención fue una nota en un sobre. La letra era de Elisabeth, estoy seguro. Se disculpaba por todo, por haberse ido y decía que se pondría en contacto pronto. Pero la fecha es de hace un par de años. Esto me preocupó demasiado. Si quería ponerse en contacto conmigo, lo habría intentado de todas las maneras, pero por alguna razón le fue imposible. Pero lo más raro es que Rupert guardara la nota y hablase con alguien de ello.

Thomas, mañana por la noche, después de la reunión me marcharé. No sé mi destino, pero prometo que contactaré contigo. Por favor, guarda esta carta o destrúyela, pero nadie debe enterarse de esto, sobre todo Rupert. Tengo un contacto, un detective, espero que me ayude a encontrarla. Tengo un mal presentimiento y sé que si hablara con mi hermano no conseguiría nada.


Me despido ya, te deseo un buen comienzo de año, mi querido amigo.

Hablamos pronto,

Atticus


martes, 24 de mayo de 2016

Londres, 24 de diciembre de 1919
Querido...
En realidad, ésta es la primera vez que me decido a escribir un diario, así que, se me hace raro lo de encabezar una ¿carta? aludiendo a un ser inanimado. ¿Por qué ahora? Voy a comenzar una nueva vida, lejos de los que siempre han sido mi familia, lejos de mi país y lejos de mi casa. Por eso, me gustaría mantener siempre vivo, a través de mis palabras, lo que significa todo esto y lo que vendrá. 

Hoy mi familia anda como loca preparando el día de Navidad. Cuando mi cabeza está en otra parte. Donde quiera que esté ahora mismo mi Roderick. Confirmé que le amaba en cuanto me anunció que vendría a buscarme para fugarnos juntos y mi corazón se iluminó. Intenté engañarme, intenté querer a Atticus. Y de veras, de veras que le aprecio y desearía no hacerle daño. Pero nunca podría llegar a amarle, porque ya conozco lo que es el amor, y eso sólo lo puedo sentir por Roderick.

Nos lo demostramos en aquella noche en que vino a buscarme. Apenas recuerdo cómo era aquel hostal, porque nada en este mundo me importaba más que estar junto a él. El beso que lo desató todo, aquel que empezó tan tierno y que acabó con furia, desatada por el tiempo de espera. No dudé un instante que lo que iba a suceder, era lo que realmente quería. Roderick comenzó a quitarme la ropa lentamente, como si disfrutara al hacerlo, hasta que me contempló completamente desnuda. Se quedó unos segundos parado, esperando mi aprobación, hasta que se la di ayudándole a desvestirse. Recorrió cada rincón de mi cuerpo con la yema de sus dedos, hizo que los escalofríos me recorrieran. Y en ese mar de besos y caricias que éramos, fuimos uno. A la mañana siguiente no quería separarme de él, despertarme abrazada a él ha sido la sensación más maravillosa que he vivido nunca. Pero sabíamos que teníamos mucho que hacer. 

Unos días después, en medio de los preparativos para marcharnos, Roderick me citó en una cafetería. Quería presentarme al amigo que le había estado aconsejando todo este tiempo y que posiblemente podría ayudarnos... Nunca pude imaginar que ese amigo iba a ser Atticus. Pude ver la furia en sus ojos y el dolor. Atticus cerró los puños, miró a Roderick. Tuve miedo de que acabaran hiriéndose, pero Atticus sería incapaz de herir nunca a nadie, de ninguna forma. Así que simplemente se marchó. 

Yo no quería que todo acabara así. No se lo merecía, por lo que le cité para explicarme. Dudé en si aparecería, pero lo hizo. Al principio no quería mirarme, viví la fuerza de sus palabras, y no rechisté. Pero, a pesar del dolor creado, Atticus parecía entenderme en eso de que yo estuviera enamorada de quien no debía y en que quisiera seguirlo, y le sentía más resentido por todo el empeño que había puesto en intentar hacerme feliz para que yo lo rompiera. Y entonces le pregunté abiertamente si él había atravesado algo parecido. ¡Pues claro! En mi locura por Roderick no había visto que no era la única alma en este mundo enamorada. No quiso entrar en detalles, y yo tampoco estaba en el derecho de pedirlos, pero espero que me copie. Le aseguré que no tendrá que preocuparse por nada, en mi huída lo dejaré todo arreglado para que nuestras familias no interfieran y no le causen problemas. 

Basta por hoy, seguiré ordenando mis ideas en otro momento. 
Londres, 23 de diciembre de 1919
Querida Alina: 
Debí escribirte mucho antes, para que así recibieras esta carta en los días previos a la Navidad. ¿Cómo son los preparativos allí? Aunque claro, imagino que para ti es todo todavía más diferente. No recibí respuesta a la última carta. Espero que eso no implique que algo malo o extraño ha sucedido. ¿Cómo te encuentras? ¿Qué tal marcha todo por allí?

Tampoco sé si Atticus te ha mantenido al tanto de los últimos acontecimientos que se han dado por aquí. Hablo de la situación convulsa que se vive en parte del país ahora que Irlanda quiere la independencia, no sé qué noticias os llegarán allí.También los efectos de la guerra siguen haciendo estragos. No hay familia que no haya perdido a algún miembro y, en muchos casos, al que les mantenía económicamente, lo que ha obligado a muchos a aceptar cualquier trabajo bajo algunas condiciones pésimas. Los nuevos burgueses, no dejan de enriquecerse a costa de la mano de obra barata, sobre todo de la de mujeres. ¿No es un horror que no tengan los mismos derechos salariales que los hombres si trabajan lo mismo o más? He de confesarte que todo esto lo he sabido gracias a las "Ladies", ese grupo de mujeres que pelean por el sufragio femenino y otros derechos para nosotras.
Di con ellas por casualidad, cuando visité la biblioteca y me encontré con Caitlin, una vieja conocida de la familia que resultó ser más interesante de lo que siempre había creído y me explicó un poco por encima. Poco a poco fui interesándome más y Alina, ten por seguro que muy pronto participaré con ellas. Sólo que mis padres no pueden saberlo. Seguro que en Estados Unidos andáis mucho más avanzados en estos términos.

Te decía que no sé si Atticus te ha escrito... Si en la última carta te explicaba que nos habíamos distanciado, mucho me temo que en ésta he de anunciarte que nuestro compromiso se ha roto. Me gustaría que ello no influyera en nuestra relación, aunque sé que le debes mucha más fidelidad a Atticus, por lo que respetaré tu decisión. En ningún caso quisiera ponerte en un aprieto. Creo que te debo una explicación, después de todo lo que has hecho por mí. Como sabes, Atticus y yo nos comprometimos sin amor, por conveniencia. Ambos intentamos acercarnos, querernos. Pero eso es complicado cuando el corazón de alguien ya tiene dueño. Alina, si no te conté esto antes es porque de verdad hubiera querido que las cosas con Atticus salieran bien, sin herir a nadie. Pero estoy enamorada y siempre lo estaré de Roderick, un joven alemán con quien rompí mi compromiso para acceder al de Atticus, esperando que eso fuese lo mejor para todos, dadas las circunstancias. Pero cuando Roderick reapareció en mi vida y fue a buscarme, comprendí que mi final debe ser con él. Ahora él está de camino a Chicago. Yo le seguiré en unos días, con lo que es posible que pronto pueda verte y darte más detalles en persona. Por favor, si hablas con Atticus no le des más detalles de los necesarios, aunque él ya bien sabe lo que ha pasado, porque decidí serle sincera. 

Pronto te detallaré más cosas de mi llegada a América. Gracias por tu paciencia, Alina
Te desea todo lo mejor, Grace

lunes, 23 de mayo de 2016

Dublín, 23 de diciembre de 1919

Mi amada Grace:

Acabo de recibir tu carta. No te preocupes por mí, mi amor. Es cierto que las cosas aquí están complicadas, pero sólo estoy de paso, no me sucederá nada. 
El IRA está haciendo estragos, están ocupando muchas propiedades privadas. Menos mal que Gran Bretaña está empezando a hacer algo al respecto. 

Pero no dejemos que esta otra guerra enturbie nuestro amor. Saldré para Chicago el día dos de enero. Si me escribes no recibiré tu misiva, espera a que yo lo haga desde allí. Y no desesperes, mi amada. Quizás pueda escribirte dentro de un mes o mes y medio. El viaje será largo pero valdrá la pena.

Lo que me apena realmente es no poder pasar estas fechas tan señaladas a tu lado. La melancolía empieza a invadirme. Sólo espero poder evitar la tentación de volver a coger la botella. No quiero volver a aquello.

Grace, sé fuerte. Ambos tenemos que serlo. 
En cuanto recibas mi próxima carta, por favor, no demores en contestarme. Necesito saber qué tal te fue con Atticus. Porque necesito despedirme de él y lo haré de una forma u otra en base a vuestro encuentro.

Me despido ya, mi amada.

Te añoro, hoy y siempre.


Roderick

lunes, 16 de mayo de 2016

Detroit, 21 de diciembre de 1919
Mi querido amigo Atticus:

Quizás para cuando te llegue esta misiva ya esté en tierras asiáticas, pero como no sé si la comunicación allí será buena, quería contarte en la madrugada de hoy, los últimos acontecimientos que por poco me hacen cambiar de opinión en mi nueva aventura. También siento que al final no te cases con Grace, es muy buena mujer y te hubiera hecho muy feliz.

Con lo que te ponía al inicio del escrito no sé por donde empezar, mi mano tiembla y apenas puedo sostener la pluma con firmeza, creerás que es por el frío pero te aseguro que mi temblequeo viene por otros motivos. Siento que la carta te llegue tan manchada de tinta, no es propio de mí, pero hoy es un día que ansiaba mas que nunca contarte lo que me había sucedido.

Sabes que mi preocupación era Alina, pues le conté a ella todos mis planes días después de haberte escrito la carta y de haber hablado con mi amigo Harper en China. Le hablé de que te había escrito para pedirte trabajo para ella y fue entonces cuando se enfadó nada más contárselo. Me decía que ni siquiera había consultado con ella para tomar tan difícil decisión de irme y la de mandarla a Londres. Creí que ese día abandonaba la clínica y ya no la volvería a ver más. Pero no lo hizo, acudió como cada día a su trabajo sin apenas hablarme salvo que no fuese del trabajo. Esto hizo que adelantase mi viaje y de querer irme para enero, decidí irme precisamente para la fecha de esta carta que te envío.

Después de ser un fantasma en mi propia clínica sin saber qué hacer con Alina, justo ese día recibí tu carta y ya me suponía lo que pondrías en ella, aunque me sorprendió lo de tu desenlace. Recordé entonces que tenía un amigo médico en mi misma ciudad y me reuní con él por si podría llevar él la clínica, pero me dijo que no podía. Sin embargo, me recomendó a un médico recién salido de la universidad y con muchas ganas de ejercer su profesión. Dos días más tarde me entrevisté con ese chico y te puedo asegurar que me causó por una parte muy buena impresión y, por otra parte, de haber estado en otra situación no le hubiera contratado, porque reconozco que es tremendamente atractivo, seguro que Alina se podría enamorar de él.

Ahora llega la parte por la que mi cuerpo siente escalofríos y no tiene que ver por el tiempo. Después de hablar con Joseph, mi joven médico, fui hablar con ciertas amistades para solucionar unos asuntos pendientes que ahora te relataré. Al día siguiente de la entrevista, acudió Joseph a la clínica como había acordado con él y cité a Alina así como a otra chica que recién contratamos para hablar con ellas. Les presenté a Joseph y les pedí que le enseñaran la clínica, ya que empezaría hoy mismo y cité a Alina para hablar en persona con ella. Una vez que Alina acudió a mi consultorio con una sonrisa en su rostro y hablando bien de la nueva incorporación, le pedí que entrase y cerrase la puerta. Estaba intrigada por lo que podría decirle y sin apenas mediar palabra alguna con ella, le extendí dos sobres encima de la mesa. Ella me preguntó que eran aquellos sobres y le dije que uno de ellos era su matrícula a la universidad para estudiar medicina, si la aceptaba estaba cubierta los años que estuviera estudiando y el otro sobre eran todos mis ahorros para que la administrase como ella quisiera y poder así sostener los gastos de la clínica. Se produjo un silencio, conociéndola sabía que los rechazaría, así que me adelanté a sus palabras y le dije: "Sé que te gusta la medicina y esto no puedes rechazármelo porque es un regalo para ti y el dinero lo necesitarás si quieres que la clínica funcione, ya que serás tú quien la dirija". Pensé que me reprocharía que otra vez hacía algo sin contar con ella, sin embargo, se abalanzó tan rápido a mí que ni siquiera pude reaccionar, si me hubiera pegado unas bofetadas no las hubiera visto, pero en su lugar recibí un abrazo fuerte y silencioso, al que yo correspondí.

Un día antes de mi marcha Alina había organizado una fiesta sorpresa de despedida, yo fingí no saber nada pero en los días antes de la fecha ya había recibido telegramas que cancelaban la invitación a la fiesta. El día de la fiesta, que sería unas horas antes de escribirte esta carta, todos los acontecimientos de la fiesta, las amistades, los conocidos, el ágape fueron cuidadosamente controlados por Alina y todo salió a la perfección. Hacía tanto tiempo que no acudía a celebraciones sociales que ya no sabía como comportarme. Cuando a una hora prudente se iban marchando los invitados, Alina, como si fuese la anfitriona de mi solitaria mansión, les pidió al servicio que vinieran temprano a recoger todo aquello y cuando despidió al último invitado, fue a la cocina con una botella de champán francés y mientras se acercaba a mí con la botella en la mano derecha y dos copas vacías en la izquierda, se iba descalzando sus zapatos de tacón negros. Al estar próxima a mí, me dijo que deseaba celebrar la marcha de su jefe a solas. Extendió su mano izquierda con las copas y esparció el líquido espumoso entre las copas y el suelo y ofreciéndome una  me preguntó si me había gustado la fiesta, le dije que sí mientras observaba aquella belleza de mujer casi irreconocible. Entre copa y copa sentía sus labios arder junto a los míos, sentía como su vestido fuese un papel al que habría que rasgar con delicadeza. Mi querido amigo Atticus, me hubiera gustado haber perdido la cabeza pero no fue así, entonces fue cuando se me durmió en el suelo, la cogí en brazos y la llevé hasta mi cama dejándola encima de su colchón mullido y tapándola con una sábana de franela. Te puedo decir amigo Atticus, que la encontré tan atractiva allí tumbada, que le hubiera robado un beso furtivamente, sin embargo, me consolé con observarla unos minutos y a la vez que escribía esta carta para ti, mi amigo Atticus, le dejaba una junto a su regazo agradeciendo las molestias que se había tomado para organizarme la fiesta, ya que no me atreví a despertarla para despedirme de ella.

Mi querido amigo Atticus, espero recibir tu próxima carta que me llegará a la dirección que te adjunto en el sobre y saber de ti al igual que yo te contaré mis aventuras por Asia.


                                                                                                                           Michael Sterling



domingo, 15 de mayo de 2016

Londres, 15 de diciembre de 1919
Querido Roderick:

Tengo miedo. Parece que el destino quiera que siempre estés abocado al peligro. Primero en tu país, y ahora en Irlanda. No dejamos de leer noticias sobre los altercados que se producen allí con el tema de la independencia. Todos por aquí andan inquietos, no solo los políticos. Mi padre no hace más que sacar su vena patriota y a mí me pone enferma. No entiendo que él sea incapaz de ponerse en el lugar de los irlandeses, si fuesen ellos los que hubiesen invadido Inglaterra para oprimirla desde hace siglos, veríamos si sería tan unionista. Mi madre anda preocupada por si se da otra guerra y alguno de nuestros conocidos debe ir a luchar en ella. No deja de nombrar a Atticus, en concreto...

Pero no quiero apenarte ahora con ese tema y tampoco abrumarte con mis pensamientos sobre Irlanda cuando tú lo estás viviendo de primera mano. Ten cuidado, es todo lo que te pido. Ya creí perderte una vez, no podría pasar por algo así. 

Todo sigue bajo lo planeado, casi lo tengo todo. Los días previos a Nochevieja serán los idóneos, mi familia da una gran fiesta y estará muy ocupada en los preparativos, no repararán en mí hasta que hayan pasado las horas suficientes para que yo esté yendo hacia tu encuentro. Roderick, siempre te he amado, pero desde aquella noche siento que tenemos una conexión especial. No sé cómo pudimos prolongar tanto aquello. Algunas veces, antes de dormir rememoro cada minuto vivido aquel día y tiemblo de emoción. Estoy deseando que podamos ser por fin marido y mujer y pasar cada noche juntos, sin escondernos y sin pensar en los demás. 

Tengo que irme. He quedado con Atticus. Creo que es el momento de aclarar ciertas cosas. 
Siempre tuya,
Grace



miércoles, 11 de mayo de 2016

Berlín, 15 de noviembre de 1919

Mi añorado hijo,

¡Te echaba tanto de menos! Ha sido un sufrimiento todo este tiempo sin saber de ti.

Primero déjame disculparme porque sé que esperabas noticias de tu hermano y no mías, pero yo abrí la carta y me aliviaron mucho tus palabras. Tu hermano salió hace dos semanas hacia Londres y no he vuelto a saber de él.Estaba muy nervioso, no sé qué se trae entre manos. ¡Por Dios, me vais a matar los dos!

Me alegra tanto que estés bien. Hijo, te mando algo de dinero, espero que no se pierda por el camino. Hay tanto miserable suelto... Acéptalo, por favor. No quiero que mi hijo esté ahogado en la miseria. 

Deberías volver y dejarte esas tonterías en las que andas metido. Aún no es tarde para ti aquí. Verás, queríamos prometer a la joven hija de los Niemann con tu hermano, pero éste la rechazó. Pienso que haría mejor pareja contigo, es una joven muy hermosa y heredera de una gran fortuna. Prométeme que lo pensarás. No seas cabezota.

Bueno, mi querido Oliver, tengo que dejarte. Debo contarle a tu padre sobre ti. Qué alegría, mi vida.

Un abrazo muy fuerte,

tu madre, que no te olvida.
Dublín, 30 de noviembre de 1919


Mi amada Grace:


Ya he llegado a Irlanda. Estoy tan emocionado...
Todavía guardo grabada en mi piel la noche del 17 de noviembre, cada caricia y cada beso tuyo. Sólo de recordarlo... Qué feliz me haces mi hermosa Grace.

El plan sigue en pie tal y como lo hablamos: en dos semanas partiré a Chicago y te daré el tiempo necesario para que dejes todo en orden. Mientras nos iremos comunicando por  carta. Cuando esté allí te mandaré mi nueva dirección para que me tengas al tanto de todo.

Sé que fue una locura lo que hicimos aquella noche. Pero bueno, de sobra sabes que la carta que me escribiste dos días antes no llegó a mis manos. Quizás la haya leído mi madre. No te preocupes, si es así me lo dirá y podré explicarle. En ella puedo confiar.

Aun siendo una locura, dime que no fue la mejor noche de tu vida. Recuerdo cada instante: llovía a mares. Tu ama de llaves no supo quién era cuando le dije que te mandara llamar. Y tú saliste corriendo hacia la puerta con aquel paraguas que terminó perdido en aquel hostal al que fuimos más tarde. Deberías haberte visto la cara cuando te cogí por la cintura y te di la vuelta para que me miraras. No podías creerlo y menos aún podías creer aquel beso tan largo y apasionado que nos dimos. Te pilló todo tan de sorpresa...

Mi Grace... Claro, que fue una locura, pero lo había planeado todo para que fuera la mejor noche de nuestras vidas. Nos la merecíamos. 

Un coche nos esperaba en la puerta. Apenas hablamos nada y ya estaba estirando de ti para llevarte hacia él. Durante el trayecto nos pusimos al día de todo entre beso y beso. Y la parte del hostal me la reservo porque escrito en un mero papel no le haría justicia a la realidad.

Perdona, mi amor. Necesitaba contarlo y eres la única a la que se lo puedo contar aunque sepas de sobra cada detalle.

Estoy ansioso de volver a verte, no sabes cuánto.

Sé lo angustiada que estás por Atticus. Yo también, no olvides que es mi mejor amigo, pero en la guerra y el amor todo se vale y yo ya he sufrido mucho en esta guerra. Ahora me toca ganar.

Siempre tuyo,

Detroit, 5 de noviembre de 1919

Hermano:

Sé que ha pasado mucho tiempo, no nos separamos en los mejores términos y no tengo excusa para no haber escrito desde que salí de Berlín hace ya dos años.
He de admitir que me avergonzaba escribir, el primer año fue duro económicamente y la cosa emperoró cuando empecé a juntarme con malas compañías... Sólo diré que hay una amplia red de apuestas ilegales en Detroit.

Pero desde la última Navidad, cuando me vi solo, sin cenar con vosotros, sin nada, decidí enmendarme. Con la ayuda de mi amigo Dirk, un compatriota de Hamburgo que frecuentaba los mismos bajos fondos que yo porque tampoco tenía elección, pero de buen corazón y olfato para las apuestas, empezamos a ganar y ahorrar algo de dinero.

Por eso he decidido escribirte ahora, cuando puedo anunciarte que soy el humilde co-propiertario de un restaurante alemán en Detroit. Se llama Nibelungen. Dirk se encarga de la cocina y yo del bar.
Abrimos hace unos tres meses y de momento funciona muy bien. Está situado en un barrio donde casi todos somos inmigrantes, así que la clientela es de todo tipo y por lo menos en lo que se refiere a bebidas, nos adaptamos a todos los gustos.

Mírame, presumiendo como un padre primerizo cuando debería estar suplicándote perdón por haber partido en tan malos términos. Pero no podía aguantar más las pretensiones de nuestros padres, sobre todo con el escalofriante panorama en el país, las carencias de todo...Y ellos solo pensando en trepar socialmente.
Por eso vine a Estados Unidos, para labrarme un nombre por mí mismo y para no depender de otros y por fin parece que mi vida se encauza.

Querido Roderick, transmite mi afecto a nuestros padres (aunque no apruebe sus ideales no significa que no los quiera y me preocupe por todos vosotros), cuídate y si lo tienes a bien, escribe.

Un fuerte abrazo, 

viernes, 6 de mayo de 2016

Volgogrado, 1 de noviembre de 1919


Qué alegría me da leer sobre tu nueva vida y saber que no estás sola. Me encantaría estar ahí e ir al cine contigo. Y espero que tú no vuelvas sola a casa ninguna noche, ¡qué valiente es esa chica! Tal y como está el mundo nunca se sabe. Aunque allí todo debe ser diferente. 

Nuestra madre se ha puesto muy contenta cuando le he dicho que estás aprendiendo mucho gracias al Dr. Sterling. Debe ser un buen hombre. Si le hubiese leído a mamá lo que me cuentas sobre sus sentimientos, no tardaría un segundo en decir que deberías pensar en casarte con él, ya la conoces. Todavía me acuerdo cuando Andrey te regalo aquel libro y en casa ya estaban preguntándose cuándo te iba a pedir la mano…

Por mi parte, creo que de momento debes mantener las cosas como están, más aún si el doctor no te dice nada. Si algún día lo hiciera, lo justo es que seas sincera, pues un hombre como él lo entenderá y no mezclará el trabajo con lo personal. Estoy segura de ello.

Y tengo algo que contarte... Nikolay, un amigo del tío Ilya, ha venido con su hijo Anton a Volgogrado. Según nos han dicho es por cuestiones laborales. Bueno, cómo decirlo, Anton es lo mejor que nos ha pasado en mucho tiempo. Es tan atento y nos ayuda tanto en casa. No depende de él, pero ojalá no se vaya pronto. Además, le gusta tanto leer como a mí y es agradable hablar con él sobre literatura. Te caería muy bien.

Mamá me llama desde la cocina para que le ayude, así que voy a acabar la carta aquí. Últimamente no se encuentra muy bien y casi todas las tareas las hacemos entre Anton y yo. El que está hecho un roble es papá, pero cuando está en casa se pasa el día en el sótano arreglando aparatos que encuentra, no se le ocurrirá a él pelar una patata.

Te echamos de menos y te mandamos un abrazo. Anton dice que de su parte también porque es como si ya te conociera después de tanto oírnos hablar de ti.

Escribe pronto,tu hermana que te quiere, 




Londres, 20 de diciembre de 1919


He recibido tu carta hace unas horas, sin embargo, ya conocía brevemente lo que en ella me cuentas y me pides. Alina lo comentaba en su última carta y Grace, a su vez, me lo comunico a mí. Al principio consideré tu propuesta, pues me encantaría tener cerca a una amiga como Alina. Pero una conversación con Grace me hizo recapacitar.

El deseo de Alina no es vivir en Londres, sobre todo, teniendo en cuenta todo el esfuerzo que le supuso llegar a Estados Unidos. Además, sé de primera mano que ser enfermera es su vocación y, lamentablemente, mis mejores contactos en Londres no se encuentran en el ámbito de la medicina. Puedo imaginar tu preocupación cuando leas estas líneas, pero déjala a un lado, porque has conocido a Alina, y sabrás que es una mujer muy capaz de cuidar sí misma. Si mi memoria no falla, en Detroit vive un tal Dr. Taylor. Lo recuerdo porque atendió a mi tía Anna que sufrió un pequeño desmayo durante una cena benéfica. Fue amable y mi tía estuvo varias semanas hablando de lo ocurrido y del doctor. Le he pedido su dirección a mi tía Anna y te envío una tarjeta junto a esta carta.

Imagino que la próxima vez que te escriba, será a tierras asiáticas. Es una decisión difícil, pero sé que harás una buena labor y ayudarás en todo lo que puedas.

Aunque me apena que no hayas podido venir por Navidad tal como hablamos, he de decirte que no hubiese sido una visita cómoda para ti. La situación en casa es complicada. Mi enlace con Grace no ha seguido adelante. Lamento no poder dar más detalles, pero no soy capaz de hablar sobre ello en estos momentos. Solo quería que lo supieras.

No puedo terminar esta carta sin decirte lo mucho que siento la muerte de tu amigo Paul, de veras hice todo lo que estaba en mi mano en esos momentos.

Espero noticias todo lo pronto que sea posible. Feliz Navidad, Michael, y buen viaje.

Tu amigo, 

miércoles, 4 de mayo de 2016

 Londres, 15 de diciembre de 1919
Querida Alina: 

Siempre es grato recibir noticias tuyas. Aunque me apenó escuchar que tu mentor, el Dr. Sterling se marcha a China. Por un lado entendería que te molestara algo que no pensara en ti para ir a descubrir otra cultura, y no hablo solo de la parte medicinal. Pero entiendo que sintieras alivio si creías saber que podía tener sentimientos no correspondidos hacia ti. 

Estoy convencida de que pronto encontrarás algo nuevo. Te admiro por haber sido una mujer que desafía al mundo establecido y por haber llegado donde estás. Por eso estoy segura de que una nueva oportunidad está al caer. Además, me alegra mucho saber que cuentas con el apoyo y compañía de Lillian. Dicho todo esto, imagino que entiendes que te apoyo en tu decisión de no permitir que Atticus interfiera en tu futuro. Algo me ha dejado caer y yo, de paso, le comuniqué mis pensamientos. Le expliqué que eres fuerte e independiente y que regresar al viejo continente no es, precisamente tu sueño después de lo que te costó llegar a América. 

Sin embargo, no sé hasta qué punto puedo influir yo en él. Lo cierto es que nos hemos distanciado durante las últimas semanas. Desde su regreso de York, apenas cruzamos más que las palabras necesarias. No ha querido acompañarme a ningún recado relacionado con la boda, siempre encontraba excusas de trabajo. Creo que la pipa que le regalé lo desencadenó todo, oh, no es tu culpa ni mucho menos, pero me parece que esconde algo en esa afición que no logro descifrar. 
Pero sería muy injusta echándole toda la culpa a él. He de confesarte que he agradecido ese tiempo para mí misma. Son estos malditos nervios, que me vuelven insufrible. No puedo avanzarte mucho, pero algo grande está por llegar. Creo que algo bueno para todos. 

No tengo tiempo para más, Alina. Te deseo todo lo mejor y espero saber en tu próxima carta que has encontrado algo que te entusiasme. 

Atentamente, Grace



Londres, 15 de noviembre de 1919
Amado Roderick:

No sé si leerás esta carta, porque desconozco si vas a ser fiel a tus planes o te has parado a sopesar un poco. Como te conozco lo suficiente, creo que después de ese arrebato, te pararías a pensarlo en frío y desecharías la idea que me comentabas en tu última carta. 

Y, precisamente porque te conozco, también sé que estás esperando mi aprobación para poder seguir con tu plan. Ésta es mi respuesta: Ven. Puedo reunir el dinero suficiente, incluso sabría cómo conseguir documentación falsa para que comencemos una nueva vida juntos, lejos de este odio entre nuestras familias, amigos y países. Pero no seas imprudente. Debemos planearlo todo con cuidado. Yo no puedo levantar sospechas aquí, sabes lo fácil que sería para mi familia alejarme aún más de ti si descubren lo que tengo en mente. Por otra parte, estoy prometida, sería una imprudencia por mi parte desaparecer sin más, imagino que mi  futuro esposo me buscaría hasta dar conmigo. Y créeme, tiene contactos y capital suficiente como para hacerlo. Por eso debo aparentar normalidad hasta que consigamos que llegues hasta mí. 

Roderick, sé que lo que hice está muy mal, que me dejé llevar por mi familia y por lo que se se suponía que era lo correcto. Pero estos meses sin ti han sido una larga agonía. Sabía que no podría olvidarte, pero pensé que quizá podría mitigar ese dolor con otra persona . La confirmación de mis sospechas fue tu última carta. Conforme avanzaban las líneas creía que ibas a contarme que Emily y tú os ibais a casar. Casi desfallezco imaginado que no era yo a la que llevabas al altar y que a mí  me llevaría alguien a quien he engañado, como hice contigo al tratar de convencerte de que eso era lo mejor. Porque sobre todo, me he engañado a mí y eso iba a acabar conmigo y todo lo que tenía alrededor. Incluído lo que más quiero, tú. 

Te enviaré más información. No olvides no escribir el remite en tus cartas, por suerte yo encontré esta, pero no quisiera que fuese mi madre la que lo hiciera. 

Se despide, la que te ama: 

martes, 3 de mayo de 2016

1 de diciembre de 1919

Estimada Grace:

Me alegro mucho de que mi idea te sirviera, espero que Atticus sepa apreciar tus esfuerzos y cariño.
Perdona mi demora en contestar, hay mucho trabajo en la clínica y en mis ratos libres intento ponerme al día de los últimos avances en medicina. Aunque no te voy a engañar, también he estado haciendo un poco de vida social con mi vecina, Lillian, y algunas de sus amigas.

Sin embargo, estos días he estado pensando en Atticus y en ti, justo hace poco le escribí a mi hermana Katenka lo bien que me estoy adaptando y lo satisfecha que estoy en la clínica...
Pues bien, ayer mismo, el dr. Sterling me comunicó que a principios del año próximo se va a trabajar a la China, nada menos, y no puede darme trabajo.
Me sorprendió mucho, pues yo sospechaba que se estaba enamorando de mí, pero ni siquiera me ofreció acompañarlo. En cierto modo es un alivio, ya he tenido sufientes viajes difíciles y además, me temo que no podría corresponderle.
Para que no me preocupara, me dijo que ya le había escrito a Atticus pidiéndole que se ocupara de mí o que me diese trabajo en vuestra casa.
Sé que lo hizo con buena voluntad, pero mi conciencia y mi orgullo me impiden aceptar. También sé que Atticus accedería sin pensarlo, por eso te pido, de mujer a mujer, que intentes disuadirlo de que insista, no soportaría ser una carga en la nueva vida que estáis a punto de comenzar juntos.

Detroit es una ciudad enorme, donde siempre surge algo y no tendré problemas en encontrar otro empleo, sea de enfermera o no.
Además, Lillian conoce a mucha gente e incluso yo tengo bastantes conocidos ya en el barrio, casi todos inmigrantes como yo, de todos los países imaginables, que seguro pueden ayudarme.
También hay muchos alemanes, como me preguntaste.
De hecho, uno de mis restaurantes favoritos es alemán, se llama Nibelungen, como la famosa ópera. Si es verdad que visitáis Detroit, podríamos ir alguna vez.

Vaya, parece que sólo sé hablar de mí misma.
¿Cómo estás tú? Espero que los preparativos de la boda no te estén dando muchos quebraderos de cabeza.

Me alegro mucho de que me hayas escrito y espero que sigamos haciéndolo de manera habitual.

Tu amiga,

viernes, 29 de abril de 2016

Detroit, 6 de diciembre de 1919

Mi estimado amigo Atticus,

En mi anterior carta te pedí que fueses a visitar a mi amigo Paul Fontiadenau a París, pero leí en tu carta que estabas enmarañado con tus asuntos de negocios y otros menesteres. Al poco de recibir tu respuesta, la que agradecí con agrado, y ver que mi amigo Paul había sido atendido me quedé satisfecho. Sin embargo, hace unos días me llegó un telegrama de su hermana donde decía que Paul había fallecido. Me siento apenado por saber su muerte, ya que me imagino que estaría solo en aquel tugurio. Su hermana me cuenta que la herida se infectó pocos días después de la asistencia médica, pero en tu carta leo que había una enfermera en el inmueble donde él vivía. Creo que de haberle inyectado un antiséptico, la herida no le hubiera provocado una infección, pero no dispongo de más datos sobre el asunto. Me siento responsable por su muerte, por no haber podido ir para ver las necesidades de mi amigo, pero ya nada puedo hacer ahora.

Mi querido amigo, ahora te mando esta misiva para volver a pedir tu cooperación. Sé que tus asuntos también requieren atención, pero en esta ocasión deseo que me complazcas de nuevo. El motivo por el que te escribo es para decirte que no sé que hacer con Alina. A principios del año que entra, marcho al lejano oriente, para ser más exacto a China. Como sabrás, tras su revolución de hace 8 años, vive sumida en la pobreza y las enfermedades.

Sobre estas líneas te voy a contar los motivos de mi repentina marcha. Verás, mi amigo y colega Harper Gawain lleva desde inicio de este año en un campamento de investigación en un poblado chino cerca de Pekín. Para su centro médico provisional necesita a profesionales como yo, con una situación sentimental solitaria, como la mía. Por este motivo, te escribo de urgencia, ya que no me puedo llevar a Alina hacia esas tierras inhóspitas y llenas de peligros.
Así que, mi opción eres tú, de nuevo te pido, al amparo de nuestra amistad, esa ayuda que podrás ofrecerme, como otras tantas veces en las que tú y yo nos hemos ayudado. Puesto que eres uno de esos pocos hombres a lo que conozco que tienen dinero, te pido que durante mi estancia en Asia, te hagas cargo del mantenimiento de Alina. A ti no te resultará complicado darle trabajo, así que, cuando reciba tu carta haré las maletas para embarcarme en esta nueva aventura.
Por supuesto, te escribiré antes de marchar hacia el mar Amarillo, puesto que mi decisión es firme y espero muy pronto tu respuesta para solucionar el tema de mi joven enfermera.

Te mando un fuerte abrazo, tu amigo, Michael Sterling