Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

Páginas

martes, 28 de junio de 2016

31 de enero de 1920



Comenzaré esta carta diciendo que la decisión que tomaste de dejar la consulta en manos de Alina es lo mejor que podrías haber hecho. Es buena profesional a la vez que apasionada por la medicina y luchará porque todo vaya bien. Y, por supuesto, no me sorprende que actuases de forma caballerosa después de esa fiesta, aunque sé lo difícil que tiene que haber sido dejar a un lado tus sentimientos por ella.

En cuanto a mí... Durante las navidades descubrí algo sobre Rupert que me hizo abandonar la casa familiar para reflexionar sin la presión de mis padres. Sigo sin creerme que se tomaran bien lo de Grace y que inmediatamente estuvieran buscando a alguien con quien casarme. Así que aproveché mi necesidad de descanso para investigar sobre lo que esconde mi hermano. La persona que me está ayudando ha encontrado pistas en EE.UU y he decidido ir allí. No sé lo que tardará en llegar esta carta, pero para cuando lo haga estaré en Nueva York. Fíjate, tú te vas a China para huir de tus sentimientos y yo voy a EE.UU a intentar encontrarme con los míos.

¡Qué cabeza tengo! Llevo media carta y no te he preguntado qué tal estás. Cuéntame, Michael, ¿va todo bien? Estoy seguro de que estás haciendo una gran labor a pesar de la difícil situación.

Te envío mis mejores deseos,

Atticus


Londres, 2 de marzo de 1920

Tenías razón. No nos queda ninguna cosa pendiente. Recurrí a ti porque no sabía a quien acudir. Fue otra vez la Grace egoísta quien mandó esa carta. Pero se acabó, Atticus. No quiero ser ser esa persona nunca más. Ya no es necesario que te pida ayuda. Una ayuda que, por cierto, no tenías por qué prestarme. Precisamente se trataba de echarme una mano para cruzar el océano. Finalmente veo que serás tú quien lo haga. Sólo espero que sea cual sea tu propósito, te lleve a la felicidad. Estas últimas semanas no he dejado de pensar en los últimos años y en todo lo que nos ha pasado. más bien, en todo lo que hemos hecho que nos pasara. Siento que mis decisiones te arrastraran a ti y te causaran dolor. En ese momento, sólo tenía ojos para mí y mis sentimientos. 

No puedo decir que me haya gustado aprender esto a base de los golpes dados y recibidos, pero al menos creo que ahora podré ser alguien menos egoísta.

Te lo voy a contar yo, porque quizá han llegado a tus oídos los rumores. Aunque mi familia se haya encargado de intentar taparlos, al final todo se sabe en las altas esferas. Atticus, sin entrar en detalles, sufrí un aborto. No como consecuencia de ello, pero sí de mi actitud posterior, decidí que había llegado la hora de poner fin a mi relación con Roderick. No pienses que te cuento todo esto para darte pena o para intentar atraerte de alguna forma.Lo que ha pasado, ha sido culpa mía. Te lo cuento porque quiero darte un consejo. No temas nunca, no aceptes lo que te impongan, ni siquiera lo que tú mismo te impongas porque creas que es lo adecuado. Y ama. Pero ama bien, con todo el corazón y dejándote llevar. No cometas mis errores. 

Con esta carta, me despido. A pesar de no pedirte ya nada en ella, creí conveniente contestarte para cerrar este círculo. Quizá en unos años nuestros caminos se vuelvan a cruzar y nos encotnremos con un Atticus y una Grace que por fin están en paz. Gracias por todo. Se feliz. 

Grace
Londres, 1 de marzo de 1920

Ésta es la tercera carta que inicio hoy. Tal vez debería dejar más tiempo para contestarte, por aquello de no responder cuando el dolor y la rabia son los que mandan. Pero creo que no nos merecemos más demoras y necesitamos, de una vez por todas, seguir adelante con nuestras vidas. Me habría gustado que esa vida fuese contigo. Sé que yo misma, muchas veces, no he sido coherente con mis decisiones y actuaciones. No dejo de preguntarme si por fin estaríamos juntos si yo no hubiese tomado la decisión de casarme con otro, si hubiese sido valiente y hubiese ido en tu busca cuando debí hacerlo. 

Me arrepiento, Roderick. Me arrepiento porque con aquello sólo cree dolor a mi alrededor. En casa soy una extraña a la que mis padres desean quitarse de encima, por ser su mayor vergüenza. Ya no cuento ni con su cariño ni con su apoyo. Y yo tampoco los mendigo. Hice daño a Atticus y vuestra amistad se rompió. Tú volviste a la bebida una y otra vez, en cada golpe. Pero fue en el último cuando caíste más bajo. Intento no culparte, porque no quiero que tanto amor acabe en odio. Pero me cuesta, Roderick, me cuesta mucho. En las líneas anteriores reconocía mi parte de culpa, supongo que tengo lo que me merezco. Pero eso no quita para que no lo acepte. 

Con todo lo que te he dicho arriba, quería que llegases a la misma conclusión que yo he llegado. Este amor es demasiado destructivo. Nos destruye a nosotros y destruye a los de nuestro alrededor. Creo que lo mejor es que esto acabe aquí, Roderick. No podemos seguir así. Cuando no son los demás, somos nosotros los que construimos muros entre los dos. Y yo ya no puedo seguir así. 

Nunca amaré como te he amado a ti. Nunca seré de nadie tanto como lo fui tuya aquella noche, Y todas las noches desde que te conozco. Pero por ese amor tan grande, porque quiero que vivas sin más preocupaciones, me despido de ti. 

Siempre tuya, Grace

sábado, 25 de junio de 2016

15 de febrero de 1920



Primero de todo darle de nuevo las gracias por embarcarse en esta investigación, aun teniendo tan poca información por donde empezar. No se hace una idea de cuánto me alegra saber que está viva en algún lugar. Sin duda, tuvo suerte al encontrarse con el matrimonio Hawkings.

Lo que me resulta extraño es que fuese a parar a Chicago. Nunca mencionó que fuese una ciudad a la que le gustaría ir. Además, me pregunto cómo consiguió pagar el viaje, Elisabeth es de familia humilde y no tenía contactos con dinero en Londres, al menos no que yo supiese. Espere, mientras escribía esto acabo de recordar algo. Sí me habló de Chicago... Ustedes la conocen como “La ciudad de los vientos”, ¿verdad? Eso es. Una vez me enseñó una carta de su tío James en la que le hablaba sobre la ciudad de los vientos. “Te encantaría, Lizzie, aunque odies despeinarte por el viento”, le decía. Me acuerdo porque se rió a carcajadas cuando leyó esa frase y era imposible que su risa no se te quedara grabada...

Bueno, no creo necesario extenderme más. Espero que le sirva de algo la breve información. Cuando le llegue esta carta, imagino que estaré rumbo a Nueva York tras solucionar unos asuntos. Le envío la dirección donde me alojaré. De nuevo, confío en su discrección.

Atentamente,


Atticus Crawley
Volgogrado, 4 de febrero de 1920



Siempre es una alegría abrir el correo y encontrar noticias tuyas. ¡Mi hermana Alina administrando una consulta en Estados Unidos! Cuando leí la carta en casa, mamá y papá lloraban de emoción. Estamos muy orgullosos de ti y de que el Dr. Sterling se cruzara en tu camino. Todo un caballero además, otro se habría aprovechado de la situación. No te preocupes, la última parte de la carta la leí para mí. Espero que todo le vaya bien en China. ¡Qué valiente!

Por cierto, el broche que me envías es precioso. Sé que debería ponérmelo, papá dice que le gusta cómo me queda, pero yo lo he guardado como un tesoro. Debo decir que me preocupé un poco cuando me dijiste cómo ganaste el dinero para comprar el broche... Esta parte de la carta también la omití, sé que nuestros padres pondrían el grito en el cielo. Por otro lado, me hace mucha ilusión que lo pasaras tan bien durante las fiestas y conocieras gente nueva, de lugares diferentes. ¡Cuántas historias para escuchar y contar!

Aquí las cosas van bien. Llevamos un tiempo con un único tema de conversación: la independencia de Estonia. Hace dos días se firmó el Tratado de Paz de Tartu y Estonia ha dejado de pertenecer a Rusia. Papá dice que lo importante sería que Rusia cumpliese con este tratado, pero está seguro de que no será así. Mamá, sin embargo, solo piensa en que es un paso positivo. Hablando de mamá... En mi anterior carta comenté que no se encontraba muy bien. La verdad es que ha empeorado, supongo que este frío no es bueno para nadie, aunque no hay de qué preocuparse. Muchas veces me ha dicho que debería irme contigo y empezar una nueva vida en Estados Unidos, que me lo merezco. Sin embargo, sería incapaz de dejarlos. Espero que en mi próxima carta te pueda dar mejores noticias sobre la salud de mamá.

Anton volvió a Kazán, su abuela materna falleció pasadas las navidades y fue un duro golpe para su familia. Él siempre me hablaba de ella, decía que fue la persona que más lo cuidó cuando era pequeño. Nos hemos estado escribiendo... Le echo mucho de menos, Alina. Ojalá vuelva pronto.

No me entretengo más, hay mucho que hacer en casa.

Te mando un abrazo de parte de los tres, esperamos tu próxima carta con muchas ganas. Mucha suerte con la consulta.

Tu hermana, papá y mamá.



P.D: ¿De verdad han prohibido el alcohol? Papá se pregunta que a qué clase de lugar te has ido. Él siempre intentando poner humor a la situación.


4 de febrero de 1920


En efecto, tu carta me ha sorprendido mucho y estoy intrigado, pues creo que no tenemos ningún asunto pendiente. Nuestros últimos encuentros fueron difíciles, es cierto, pero prefiero recordar los buenos momentos y en honor a ellos no te negaré nunca mi ayuda. Desafortunadamente, no me encuentro en Londres debido a un inesperado acontecimiento y me es imposible acudir a la cita en el teatro. Tu carta ha llegado a mis manos gracias a alguien de confianza que tengo en la casa familiar.

La única solución que se me ocurre es que envíes una carta a casa y la persona de la que te he hablado me la hará llegar. Supongo que te resultará extraño que no te dé mi actual dirección... Simplemente no deseo que los asuntos que me ocupan ahora mismo lleguen a oídos de mi familia, que creen que necesitaba unas vacaciones después de lo ocurrido con nuestro enlace. Por favor, no tardes en contestar, pronto me aventuraré a cruzar el océano y me gustaría poder ayudarte antes de irme.

No me despido sin mostrar mi preocupación sobre lo que me cuentas de ese “espía” que te sigue día y noche, aunque, por otro lado, era algo de esperar conociendo a tu madre. Ojalá no se convierta en un problema mayor.


Espero tu respuesta,

Atticus.



miércoles, 22 de junio de 2016

Chicago, 20 de febrero de 1920


Mi añorada Grace,

No sabes lo que he sufrido. De verdad pensaba que ya no querías saber nada más de mí. En estas largas semanas, ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado, he hecho cosas de las que me arrepiento. He vuelto a beber. No podía más, Grace. Me estaba volviendo loco. 

Pero eso no es lo peor. Hay algo... algo que quizás no me perdones. Pero tengo que contártelo, lo necesito. Una de esas noches... había bebido y apenas sabía lo que hacía. No era consciente de mí mismo. Grace, lo siento.

Una muchacha morena de pelo ondulado y ojos azules vino donde yo estaba y... Grace, te la describo porque su belleza me perturbó. Y tú... ¡yo no sabía nada de ti! Quería olvidar, olvidarme de ti.

Grace, qué ingenuo fui. La muchacha sólo buscaba... en fin. Me pidió dinero cuando se marchó de la habitación. Yo no vi que ella... en fin, Grace, era una mujer de vida alegre y yo no me di cuenta.

Lo siento. Lo siento tanto. Espero que algún día puedas perdonarme. Te sigo esperando, mi amor.

Siempre tuyo,

Roderick
Chicago, 3 de febrero de 1920


Estimado señor Crawley,

He de reconocerle que no me está siendo demasiado fácil dar con la señorita Thompson. Lo primero que hice al llegar a Chicago fue intentar rastrear su nombre. Esperaba que no hubiese cambiado su identidad a fin de no dejar rastro, pero por suerte no fue así y tras unos días di con un hombre que le había alquilado la casa hacía 3 años a una tal Elisabeth Thompson. Las probabilidades de que fuera ella eran pocas, pero aquello era mejor que nada, así que me cité con el hombre, Paul Hawkins.

Me dijo que hace tres años, una muchacha morena, de ojos azules, muy hermosa, le había pedido por favor que le alquilara su apartamento. Cuando la chica escuchó la suma del alquiler, bajó la mirada desconsolada. Era obvio que no tenía tanto para pagar, pero Paul la vio tan perdida y sola que le bajó el alquiler a la mitad. No es lo que está pensando, joven Crawley, el señor Hawkins no parece la clase de hombre que intenta aprovecharse de una muchacha. Además, pronto descubrí que el hombre estaba casado con una mujer también muy honorable. La acogieron ambos como una hija.

La chica estuvo aquí hasta hace unos meses, pero, por desgracia, no supieron decirme a dónde se había mudado.

Cuando les enseñé la foto al matrimonio a ambos se les iluminó el rostro. Mostraron gran ternura por Elisabeth. Sin duda, era ella. "Mi niña" la llamó la señora Hawkins y se echó a llorar silenciosamente.

No entendía por qué no les había dicho a dónde iba. Parecía que habían estrechado fuertes lazos y ella se iba así, sin más. Tenía que estar huyendo de algo o alguien, pero, ¿de qué o quién? Los Hawkins no supieron responderme eso. Me dijeron que era una chica muy responsable y trabajadora. Había logrado pagarles la cantidad total del alquiler a pesar de que ellos se negaran. Además ayudaba en casa siempre. 
Ambos se mostraron muy preocupados por la señorita Thompson y les prometí que, si la localizaba, les diría dónde estaba.

Hasta aquí sé de ella, de momento, señor Crawley. Si tiene más datos, por tonto que parezca, por favor, no dude en hacermelo saber. Es importante.

Me despido atentamente, 

Scott Manley



martes, 21 de junio de 2016

Londres, 2 de febrero de 1920
Querido Atticus: 
Probablemente hayas abierto esta carta con extrañeza. Sé que una carta mía en estos momentos es lo último que esperas. No tengo derecho a pedirte nada, después de todo por lo que te he hecho pasar. Pero estoy desesperada. No sé a quién recurrir. Espero que entiendas que no puedo explicarte por carta lo que me sucede. Sé que mi madre ha contratado a alguien que me sigue allá donde vaya. Necesito hablar contigo. ¿Sería posible que nos reuniéramos en la entrada principal del teatro el próximo sábado a las 6 de la tarde? Tengo entradas, pero estoy convencida de que no las tendrá el sabueso que mi madre ha contratado. Sólo necesito que crea que vamos a la representación juntos, una vez dentro, podemos escabullirnos a la cafetería del teatro, donde podamos hablar con calma. Tranquilo, mi madre se quedará conforme si sabe que tengo una "cita" contigo. Esperaré tu contestación. Entenderé que no acudas, y respetaré tu decisión. 

Un saludo afectuoso, Grace
Londres, 2 de febrero de 1920
Querido Roderick: 
Probablemente hayas pasado ya de la preocupación al enfado por no haber sabido de mí en todo este tiempo. No he dejado de pensar en ti ni un solo instante, no pienses que me he arrepentido de nuestra decisión. Quiero estar contigo, quiero que, por fin, podamos ser marido y mujer y no tener que responder ante nadie más. He tenido que reunir muchas fuerzas y valor para, por fin escribirte. No temas, querido, estoy haciendo todo lo posible para reunirme contigo de una vez por todas, pero debes ser paciente. Pronto estaremos juntos y entenderás todo lo que ha pasado. 

Te sigue amando, y lo hará siempre
Grace

jueves, 2 de junio de 2016

15 de enero de 1920

Voy a empezar este diario únicamente para ir anotando cada detalle y nuevo avance de este nuevo cometido que me ha sido encargado.

El pasado día 31 me encontré en Londres con Atticus Crawley, el cual se puso en contacto conmigo por carta urgente. 
Nos habíamos conocido hacía un par de semanas en una fiesta de una importante familia de Londres. En cuanto leí la misiva supe de quién se trataba, el joven Atticus causa muy buena imagen allá por donde va, hubiese sido difícil olvidarle. Tuvo suerte de que yo aún siguiera en Londres, pues pretendía volver a Chicago en unos días.
Acudí muy intrigado a la taberna donde me había citado, ya que en la carta me decía que quería encontrar a una persona de la cual no sabía nada desde hacía dos años. 
En la taberna, Atticus me contó que quería dar con Elisabeth Thompson. Me entregó una foto suya y una carta que su hermano tenía escondida, en la cual ella se despedía. Hacía dos años de aquello.
Primero le pregunté qué relación tenía con aquella muchacha, a lo que no me quiso contestar. Era obvio que se trataba de una amante. Pero como un caballero que soy, no insistí en aquella cuestión y le dije que debería hablar con su hermano, lo cual me prohibió tajantemente. Su hermano no debía saber nada de aquello.
Eso me dificultaba bastante más las cosas, ya que era el primer hilo del que podía ir tirando, pero en peores casos me he encontrado así que asentí serio.
Lo peor de todo era que aquello trastocaba mis planes de volver a Chicago. Una investigación así no se realiza en sólo unos días. Así que le propuse a Atticus que investigaría lo que pudiera en el tiempo que me quedaba allí y no le cobraría mis servicios ya que la investigación podría quedar inconclusa.
Esto no le agradó al joven, lo cual comprendo, pero le expliqué que tenía mucho trabajo en Chicago y no podía darle de lado. Al final, aunque a regañadientes, aceptó.
No es que yo le ofreciera mis servicios gratuitos por simple generosidad. Aquel caso me había parecido interesante y le hubiera dedicado mucho más tiempo de disponer de él.

Cuál fue mi sorpresa que tras algunas pesquisas, una pista me llevaba hasta Chicago. Fue una amiga de la muchacha la que me dijo que ella siempre hablaba de irse a América, de viajar hasta Chicago para olvidarlo todo. La joven, por supuesto, no sabía si se encontraba allí realmente. También hacía un par de años que no sabía nada de su amiga. De repente se la había tragado la tierra, me dijo. 
Se alegró muchísimo de saber que alguien seguía su pista y me hizo prometerle que le haría saber cualquier nueva que tuviera de su amiga.

Esto cambiaba las cosas, muy a mi favor, ya que podría continuar mi tarea a la par que trabajaba en otros asuntos desde Chicago. Se lo comuniqué a Atticus y le dije que debería abonarme por mis servicios una vez comenzara a trabajar desde América. El joven estaba eufórico y no dudó en aceptarlo. Le dije que no se hiciera demasiadas ilusiones, ya que no era una vía de investigación demasiado sólida.

En fin, lo que sigue es obvio. Viajé de nuevo hasta Chicago, y aquí estoy, en mi humilde apartamento. Sentado frente a mi máquina de escribir y una tenue luz que proyecta mi sombra en la pared de mi despacho. Me resulta gracioso, esa sombra dice que soy alguien y yo no lo creo.

Mañana me espera demasiado trabajo, es hora de descansar. Le daré un buen trago a mi petaca para conciliar bien el sueño. Empiezo a desvariar.


Scott Manley
Londres, 1 de febrero de 1920
Querida Alina:
Aunque haya pasado ya un mes desde que inauguramos año, yo todavía no he tenido la ocasión de desearte uno muy feliz. Sabía que podía confiar en ti al hablarte de mi ruptura con Atticus. Aunque no nos hemos vuelto a ver desde que quedamos para hablar, sé que Atticus empieza a mover hilos. El tiempo comprometidos y los círculos por donde nos movemos, me han permitido saber que andaba nervioso. Todo el mundo me culpaba a mí, aunque nadie, salvo mis padres, me lo digan directamente. Pero yo sé que Atticus anda tramando algo que nada tiene que ver conmigo. Ojalá todo le salga bien. En nuestro último encuentro comprobé que, aunque como matrimonio habríamos fracasado, es mucho el aprecio que siento por él y espero que algún día hasta podamos ser amigos.
Leo que tú sí forjas nuevas amistades. Lo cierto es que me encanta leer que Lillian te ayuda tanto y que en ella has encontrado el necesario apoyo que necesitas. No dudo de la belleza de tu amiga, pero créeme que tú no puedes quedarte atrás. Cuando llegaste, llenaste todo de un encanto que poca gente tiene. Y no hablo sólo de tu físico. Hablo también de que irradias buenas sensaciones y paz. Alina, los días que pasamos juntas para mí fueron una suerte de bendición en ese sentido. Parece que te esté escribiendo un amante y se me escapa una risilla al releer todo esto. Pero quería que supieras eso, para que nunca te sientas menos que nadie y menos ahora que necesitas ser más fuerte que nunca. En cuanto a lo demás, disfruta y déjate llevar. No estás en Volgogrado, como dices, y ese largo viaje que emprendiste no fue más que para poder ser tú misma.
Igual te preguntas por qué he tardado tanto en escribir, cuando hace días que recibí tu carta, y por qué el remite sigue siendo el mismo de siempre. Alina, lo que te voy a contar no es fácil, pero creo que como enfermera, mujer y, sobre todo, amiga, eres la que mejor me va a entender. He estado un par de semanas ausente y apartada de todo, aislada en nuestra casa de campo. La versión oficial es que me encontraba enferma y necesitaba reposo. Sólo mi madre y mi  hermana mayor saben la verdad. Ahora tú también lo sabrás. Sufrí un aborto bastante estrepitoso y perdí al hijo que esperaba de Roderick.
En Navidad fui consciente de que tenía una falta y hacía apenas un mes de nuestro encuentro. Sin embargo, no quise contarle nada a él, confiaba en que pronto estaríamos juntos y podría decírselo en persona. Pero nada ha salido como esperaba y esto, además de minarme física y anímicamente, lo ha complicado todo. Mi madre prefiere no hablar del tema, pero sé que en estos momentos me repudia. Tengo miedo de que piense que Atticus era el padre y tome algún tipo de medida errónea. Creo que debería hablar con él, pero no sé cómo hacerlo. Y por otro lado está Roderick, al que ni me he atrevido a escribir. ¿Qué podría decirle? ¿Cómo le explico el motivo por el que todavía no he podido viajar cuando apenas me atrevo a pensar en ello?
Espero que para cuando recibas esta carta, haya encontrado todas las respuestas.

Te desea lo mejor,

Tu amiga Grace

miércoles, 1 de junio de 2016

Detroit, 5 de enero de 1920

Querida Grace:

Antes de nada, ¡feliz Año Nuevo! Espero que esta carta te llegue antes de que emprendas el viaje.
Me apena saber de la ruptura de vuestro compromiso y lo siento mucho por los dos, pero aunque conozco a Atticus de hace más tiempo, no significa que no pueda entender tu posición y nunca te daría de lado por seguir tu corazón.
Me parece muy valiente lo que estás a punto de emprender, te deseo mucha suerte, pues el viaje puede resultar complicado y nada me gustaría más que poder vernos, sea aquí en Detroit o en Chicago, que para lo inmenso que es este país, no está demasiado lejos.
En cualquier caso, puedes confiar en mi discreción, por supuesto que no le contaré nada a Atticus. Podría decir que te lo debo por cómo me trataste cuando estuve en Inglaterra o por interceder por mí ante Atticus por los planes del dr. Sterling, pero simplemente es porque te considero mi amiga.

Espero que hayas pasado una Navidad agradable, disfrutando de tu familia, sobre todo sabiendo lo que te espera. Esta ha sido una Navidad muy diferente para mí, los americanos tiran la casa por la ventana en esta época y todo estaba precioso. El día 25 lo pasé con mi amiga Lillian en el restaurante alemán del que te hablé, sería maravilloso que pudiéramos ir con tu Roderick también, seguro que le encanta.
El dr. Sterling partió hace unos días, pero lo creas o no, ¡me dejó a mí a cargo de la consulta! También me dejó el dinero necesario para mantenerla, no sé cómo le podría agradecer todo lo que ha hecho por mí, pero intenté expresarlo organizándole una fiesta de despedida que creo que le agradó.

Aparte de estar un poco triste por su partida, yo estoy muy bien, Lillian tiene conoce a un montón de gente y a menudo vamos a bailar a algún club. Me siento un poco frívola, sabiendo cómo está Europa y Rusia, e incluso de Irlanda he sabido por los periódicos. Pero querida, he sufrido tanto estos dos últimos años intentando llegar a América, que Dios sabe que me merezco un poco de diversión de vez en cuando.
Lillian suele atraer muchos admiradores, es muy bonita y viste muy a la moda. Yo prefiero quedarme un poco al margen y observar a la gente, aun no me siento demasiado cómoda en este ambiente, pero de vez en cuando, siempre para mi sorpresa, algún hombre me pide bailar o me invita a una copa.
¡Jamás hubiera imaginado verme en esta situación en Volgogrado!

Espero que pronto puedas darme tu nueva dirección y que nos veamos, ten cuidado y que seas muy feliz con tu amado.

Te desea todo lo mejor,
Alina
Chicago, 20 de enero de 1920

Mi amada Grace:

Han sido dos semanas muy duras, viajando en un barco junto con muchas otras personas que intentaban escapar de las penurias de la vieja Europa. Pero al fin lo he logrado, aunque haya descubierto que me marean los barcos. Llevo ya dos días aquí. He esperado para escribirte porque tuve ciertos problemas con la casera que me renta el apartamento. Al parecer al verme en persona no le inspiré la suficiente confianza. Aunque lo pude solucionar todo y finalmente aquí estoy. Está será mi dirección.

Aún no he podido ver la ciudad demasiado bien, han sido dos días algo caóticos. Pero todo es tan diferente... Lo noté desde que puse un pie en tierra. Parece que nos lleven años de adelanto. Es aquí, y en sólo dos días, donde me he dado cuenta del daño que nos ha hecho esta absurda guerra. Europa ha perdido mucho por el camino y eso me entristece...

Como te decía, aquí cada uno tiene su vida y nadie está tan pendiente de lo que hace cada uno. Es un alivio, aquí podremos ser felices por fin. Nadie nos mirará mal por ser alemán e inglesa y nadie sabrá nuestra historia. Una nueva vida, la cual nos merecemos mi amor.

Como te dije en mi anterior carta, necesito que me cuentes lo que pasó entre Atticus y tú el día que os visteis. Estoy en un sin vivir, me duele haberle hecho este daño a mi mejor amigo. Aquel día que nos vio, noté en su mirada algo muy triste. Me apena verlo así.

En cuanto a nosotros: ya sabes dónde vivo. Espero que puedas solucionarlo todo pronto para que puedas venir cuanto antes. Estoy ansioso por reunirme contigo de nuevo. Quiero hacerte mía cada noche, Grace. Sueño con ello cada día. Al fin vas a ser mi esposa.

Me despido ya, mi amor. Espero recibir pronto noticias tuyas.

Siempre tuyo, 

Roderick

Detroit, 5 de enero de 1920

Querida Katenka:

¡Feliz Año Nuevo! ¡Y feliz Navidad! Ha sido muy extraño vivir la Navidad aquí, el 25 de diciembre en lugar del 7 de enero. La pasada Navidad aun estaba tratando de llegar aquí y no le dí tanta importancia, pero este año he vivido una Navidad americana. No puedes imaginar lo bonito que estaba todo, con luces de colores en las calles y los escaparates de las tiendas decorados con primor.
Creía que me iba a sentir muy triste, tomando conciencia de lo lejos de casa que estaba, pero mi amiga y vecina Lillian lo atenuó un poco, pues ella tampoco podía visitar a su familia que vive en el estado de Idaho, casi en la otra punta del país, así que pasamos esos días juntas.
El día 25 fuimos a comer a un restaurante alemán que hay cerca, para mi sorpresa, estaba lleno. Todos inmigrantes, que como yo, no tenían otro sitio donde ir.
Fue muy divertido, la comida es muy buena y los dueños son dos alemanes generosos con la cerveza, incluso en estos tiempos en que está dando mucho de que hablar, pues el gobierno pretende prohibir el alcohol.
¿Te imaginas que intentasen prohibir el vodka en Rusia? El mero pensamiento me hace reír.

Pasamos todo el día en el restaurante. Lillian es muy abierta y enseguida traba amistad con todo el mundo, yo me dejo llevar. Cuando se hizo de noche ya conocíamos a los dueños por el nombre de pila y a la mitad de la clientela, algunos rusos también, dos de San Petersburgo y uno de Kolyván. 
Al final, uno de los dueños, Oliver; el compatriota de Kolyván que se llama Fédor y su novia americana, Betty y otros dos hombres, uno francés y uno italiano (no sé cómo escribir sus nombres) nos invitaron a una partida de cartas en la trastienda del restaurante. Al principio no estaba segura, después de todo eran desconocidos, pero como Lillian y Betty parecían tan animadas, me uní a ellos. No se me dio mal del todo y con lo que gané, te compré este broche que te adjunto, espero que te guste.

El tema del doctor Sterling se ha solucionado por sí solo, aunque de una forma un poco drástica: El día dos partió hacia China, para ayudar a un amigo médico allí, probablemente para no volver.
¿Sabes qué hizo? ¡Me entregó una gran suma de dinero para que yo administre la consulta! ¿Puedes creerlo? La confianza que deposita en mí me abruma, pero no podría estarle más agradecida. Y eso no es todo: se ofreció a pagarme la universidad para que estudie medicina. Casi rompo a llorar de la emoción (me ofreció las dos cosas al mismo tiempo), pero le contesté que prefiero dedicar mi tiempo y mis esfuerzos ejerciendo de enfermera y administrando la consulta, aumentando mis conocimientos por mi cuenta a estar varios años más solo estudiando sin poder trabajar, cuando tanto hay por hacer.
Lo entendió perfectamente.
Para agradecerle todo lo que ha hecho por mí, le organicé una fiesta sorpresa de despedida, fue todo maravillosamente y creo que le gustó el detalle.
Eso sí... al final de la velada, no sé qué se metió dentro de mí (el champán, probablemente), que le busqué a solas para agradecerle una vez más todo lo que le debo. Así se lo dije, y cuando sentía que no sabía hasta dónde sería capaz de llegar, pues había una especie de electricidad en el aire entre nosotros...
Me desperté a la mañana siguiente, completamente vestida y tapada con una manta, con una nota suya explicando que me había desmayado, dándome las gracias por la fiesta y diciéndome adiós, pues no se atrevía a despedirse personalmente.
Me dejó un sabor agridulce (y bonita imagen dí para despedirlo, cayéndome borracha en el sitio), pero lo hecho, hecho está y me alegro de que no pasara nada de lo que me hubiera arrepentido.

Me alegro mucho de que Anton os esté ayudando, espero que lo de nuestra madre no sea grave.
Por lo que me cuentas, ya me cae bien. Pero como hermana mayor, estoy obligada a decir: ¡Ten cuidado! Aunque, ¿cuándo me has hecho tu caso?

Un abrazo para todos. Os quiere,
Varuschka
Detroit, 5 de diciembre de 1919

Querida madre:

Me alegra enormemente saber que estáis bien, pero también me apena no haber podido contactar con Roderick. Por favor, en cuanto recibáis noticias suyas, dame su dirección, hay demasiado por aclarar entre él y yo.

Madre, ¿no leíste mi carta? Todo está bien ahora, el restaurante funciona muy bien y no tengo necesidad de vuestro dinero, así que aquí os lo devuelvo, y aumentado, porque a mí nada me falta pero temo por vosotros en Berlín. Por eso os mando dólares americanos, es una divisa mucho más fuerte que el marco, guardadlos bien para una emergencia. Dios quiera que no ocurra nunca y podáis gastarlos a vuestro placer cuando todo este horror acabe.

Y respecto a lo de volver... Lo siento, pero no puedo. Os quiero, pero no soporto vuestras presiones para casarme y ascender socialmente, como ya dije en la carta que debía ser para mi hermano.
No puedo renunciar a la libertad y a las oportunidades que América me brinda, estar donde estoy ahora, después de todo lo que he pasado, es el mejor ejemplo de ello.
No sólo no puedo, sino que no quiero.

He de irme, tengo que trabajar. Sé que es pedir lo imposible, pero no te angusties por mí, madre, todo va bien. Tened cuidado vosotros y dime algo en cuanto sepas de mi hermano.

Tu hijo que os quiere, 
Oliver