Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

Páginas

martes, 31 de mayo de 2016

Londres, 30 de diciembre de 1919

A la atención de Scott Manley:


Mi nombre es Atticus Crawley, no sé si me recordará. Nos conocimos hace un año durante una fiesta en casa de los Alridge. Sé que si no fuese usted bueno en su trabajo, no hubiese sido invitado a la reunión. Seré breve. Esta carta es para solicitar sus servicios, necesito que me ayude a encontrar a una persona. No será una tarea fácil, hace un par de años que no tengo noticias suyas.

Le ofreceré una buena suma por el encargo, de eso puede estar seguro. Le pido que sea discreto, aunque supongo que no hacía falta decirlo, y que los detalles solo los tendrá cuando le vea en persona. Si está interesado, espero que lo esté, estaré mañana por la tarde a las 17:00 en la taberna The Big Table, en la mesa junto a la chimenea. Si no aparece, daré por hecho que no tiene ningún interés y que ha destruido esta carta.

Le saluda cordialmente,


Atticus Crawley.
Londres, 30 de diciembre de 1919


Querido Thomas,

Espero que la estancia con tu familia en Oxford esté siendo maravillosa. Mañana en la reunión de fin de año te voy a echar en falta. Asistirá mucha gente, mis padres se han encargado de ello, pero me sentiré tan solo. Mi familia insiste en continuar como si no hubiese pasado nada a pesar de las habladurías y las miradas que me persiguen.

No he vuelto a ver a Grace después de que me citara para explicármelo todo. Nunca hubiera imaginado lo que estaba pasando, ni que Roderick, mi amigo, estuviese detrás de todo. Al principio creí que lo que sentí al verlos era rabia porque Grace estuviese enamorada y fuese de él, pero cuando más tarde hablé con ella supe que no era así. La razón de mi rabia es porque ellos se tienen el uno al otro y yo no voy a tener eso nunca. Te cuento todo esto porque sé que eres el único amigo que tengo capaz de entenderme. Por supuesto, preferirías que te lo contara en persona pero no seguiré en Londres cuando vuelvas y tenía que hablarte de esto y contarte otra cosa que he descubierto.

Hace dos noches no podía dormir por todo lo que había pasado. No estaba enamorado de Grace, pero le tenía un gran afecto y, en cierto modo, la echo de menos. Decidí bajar a la biblioteca, pero cuando estaba próximo a la puerta vi que una de las lámparas estaba encendida. Me acerqué un poco más, hasta que pude escuchar la voz de Rupert. Hablaba por teléfono. Mencionó que guardaba algo en el cajón de su habitación, bajo llave, y que yo no podía enterarme bajo ningún concepto. Volví a mi habitación. Como adivinarás, al día siguiente no puede evitar investigar. No estoy orgulloso de rebuscar en el escritorio de mi hermano, pero me resultó de lo más extraño y necesitaba pensar en otra cosa que no fueran Grace y Roderick.
Rupert siempre lleva esa llave encima, así que tuve que poner en práctica las lecciones sobre abrir cerraduras que nos enseñó Hugh durante la universidad cuando nos olvidábamos la llave de casa.
En el cajón de la derecha había varias cosas, pero lo que llamó mi atención fue una nota en un sobre. La letra era de Elisabeth, estoy seguro. Se disculpaba por todo, por haberse ido y decía que se pondría en contacto pronto. Pero la fecha es de hace un par de años. Esto me preocupó demasiado. Si quería ponerse en contacto conmigo, lo habría intentado de todas las maneras, pero por alguna razón le fue imposible. Pero lo más raro es que Rupert guardara la nota y hablase con alguien de ello.

Thomas, mañana por la noche, después de la reunión me marcharé. No sé mi destino, pero prometo que contactaré contigo. Por favor, guarda esta carta o destrúyela, pero nadie debe enterarse de esto, sobre todo Rupert. Tengo un contacto, un detective, espero que me ayude a encontrarla. Tengo un mal presentimiento y sé que si hablara con mi hermano no conseguiría nada.


Me despido ya, te deseo un buen comienzo de año, mi querido amigo.

Hablamos pronto,

Atticus


martes, 24 de mayo de 2016

Londres, 24 de diciembre de 1919
Querido...
En realidad, ésta es la primera vez que me decido a escribir un diario, así que, se me hace raro lo de encabezar una ¿carta? aludiendo a un ser inanimado. ¿Por qué ahora? Voy a comenzar una nueva vida, lejos de los que siempre han sido mi familia, lejos de mi país y lejos de mi casa. Por eso, me gustaría mantener siempre vivo, a través de mis palabras, lo que significa todo esto y lo que vendrá. 

Hoy mi familia anda como loca preparando el día de Navidad. Cuando mi cabeza está en otra parte. Donde quiera que esté ahora mismo mi Roderick. Confirmé que le amaba en cuanto me anunció que vendría a buscarme para fugarnos juntos y mi corazón se iluminó. Intenté engañarme, intenté querer a Atticus. Y de veras, de veras que le aprecio y desearía no hacerle daño. Pero nunca podría llegar a amarle, porque ya conozco lo que es el amor, y eso sólo lo puedo sentir por Roderick.

Nos lo demostramos en aquella noche en que vino a buscarme. Apenas recuerdo cómo era aquel hostal, porque nada en este mundo me importaba más que estar junto a él. El beso que lo desató todo, aquel que empezó tan tierno y que acabó con furia, desatada por el tiempo de espera. No dudé un instante que lo que iba a suceder, era lo que realmente quería. Roderick comenzó a quitarme la ropa lentamente, como si disfrutara al hacerlo, hasta que me contempló completamente desnuda. Se quedó unos segundos parado, esperando mi aprobación, hasta que se la di ayudándole a desvestirse. Recorrió cada rincón de mi cuerpo con la yema de sus dedos, hizo que los escalofríos me recorrieran. Y en ese mar de besos y caricias que éramos, fuimos uno. A la mañana siguiente no quería separarme de él, despertarme abrazada a él ha sido la sensación más maravillosa que he vivido nunca. Pero sabíamos que teníamos mucho que hacer. 

Unos días después, en medio de los preparativos para marcharnos, Roderick me citó en una cafetería. Quería presentarme al amigo que le había estado aconsejando todo este tiempo y que posiblemente podría ayudarnos... Nunca pude imaginar que ese amigo iba a ser Atticus. Pude ver la furia en sus ojos y el dolor. Atticus cerró los puños, miró a Roderick. Tuve miedo de que acabaran hiriéndose, pero Atticus sería incapaz de herir nunca a nadie, de ninguna forma. Así que simplemente se marchó. 

Yo no quería que todo acabara así. No se lo merecía, por lo que le cité para explicarme. Dudé en si aparecería, pero lo hizo. Al principio no quería mirarme, viví la fuerza de sus palabras, y no rechisté. Pero, a pesar del dolor creado, Atticus parecía entenderme en eso de que yo estuviera enamorada de quien no debía y en que quisiera seguirlo, y le sentía más resentido por todo el empeño que había puesto en intentar hacerme feliz para que yo lo rompiera. Y entonces le pregunté abiertamente si él había atravesado algo parecido. ¡Pues claro! En mi locura por Roderick no había visto que no era la única alma en este mundo enamorada. No quiso entrar en detalles, y yo tampoco estaba en el derecho de pedirlos, pero espero que me copie. Le aseguré que no tendrá que preocuparse por nada, en mi huída lo dejaré todo arreglado para que nuestras familias no interfieran y no le causen problemas. 

Basta por hoy, seguiré ordenando mis ideas en otro momento. 
Londres, 23 de diciembre de 1919
Querida Alina: 
Debí escribirte mucho antes, para que así recibieras esta carta en los días previos a la Navidad. ¿Cómo son los preparativos allí? Aunque claro, imagino que para ti es todo todavía más diferente. No recibí respuesta a la última carta. Espero que eso no implique que algo malo o extraño ha sucedido. ¿Cómo te encuentras? ¿Qué tal marcha todo por allí?

Tampoco sé si Atticus te ha mantenido al tanto de los últimos acontecimientos que se han dado por aquí. Hablo de la situación convulsa que se vive en parte del país ahora que Irlanda quiere la independencia, no sé qué noticias os llegarán allí.También los efectos de la guerra siguen haciendo estragos. No hay familia que no haya perdido a algún miembro y, en muchos casos, al que les mantenía económicamente, lo que ha obligado a muchos a aceptar cualquier trabajo bajo algunas condiciones pésimas. Los nuevos burgueses, no dejan de enriquecerse a costa de la mano de obra barata, sobre todo de la de mujeres. ¿No es un horror que no tengan los mismos derechos salariales que los hombres si trabajan lo mismo o más? He de confesarte que todo esto lo he sabido gracias a las "Ladies", ese grupo de mujeres que pelean por el sufragio femenino y otros derechos para nosotras.
Di con ellas por casualidad, cuando visité la biblioteca y me encontré con Caitlin, una vieja conocida de la familia que resultó ser más interesante de lo que siempre había creído y me explicó un poco por encima. Poco a poco fui interesándome más y Alina, ten por seguro que muy pronto participaré con ellas. Sólo que mis padres no pueden saberlo. Seguro que en Estados Unidos andáis mucho más avanzados en estos términos.

Te decía que no sé si Atticus te ha escrito... Si en la última carta te explicaba que nos habíamos distanciado, mucho me temo que en ésta he de anunciarte que nuestro compromiso se ha roto. Me gustaría que ello no influyera en nuestra relación, aunque sé que le debes mucha más fidelidad a Atticus, por lo que respetaré tu decisión. En ningún caso quisiera ponerte en un aprieto. Creo que te debo una explicación, después de todo lo que has hecho por mí. Como sabes, Atticus y yo nos comprometimos sin amor, por conveniencia. Ambos intentamos acercarnos, querernos. Pero eso es complicado cuando el corazón de alguien ya tiene dueño. Alina, si no te conté esto antes es porque de verdad hubiera querido que las cosas con Atticus salieran bien, sin herir a nadie. Pero estoy enamorada y siempre lo estaré de Roderick, un joven alemán con quien rompí mi compromiso para acceder al de Atticus, esperando que eso fuese lo mejor para todos, dadas las circunstancias. Pero cuando Roderick reapareció en mi vida y fue a buscarme, comprendí que mi final debe ser con él. Ahora él está de camino a Chicago. Yo le seguiré en unos días, con lo que es posible que pronto pueda verte y darte más detalles en persona. Por favor, si hablas con Atticus no le des más detalles de los necesarios, aunque él ya bien sabe lo que ha pasado, porque decidí serle sincera. 

Pronto te detallaré más cosas de mi llegada a América. Gracias por tu paciencia, Alina
Te desea todo lo mejor, Grace

lunes, 23 de mayo de 2016

Dublín, 23 de diciembre de 1919

Mi amada Grace:

Acabo de recibir tu carta. No te preocupes por mí, mi amor. Es cierto que las cosas aquí están complicadas, pero sólo estoy de paso, no me sucederá nada. 
El IRA está haciendo estragos, están ocupando muchas propiedades privadas. Menos mal que Gran Bretaña está empezando a hacer algo al respecto. 

Pero no dejemos que esta otra guerra enturbie nuestro amor. Saldré para Chicago el día dos de enero. Si me escribes no recibiré tu misiva, espera a que yo lo haga desde allí. Y no desesperes, mi amada. Quizás pueda escribirte dentro de un mes o mes y medio. El viaje será largo pero valdrá la pena.

Lo que me apena realmente es no poder pasar estas fechas tan señaladas a tu lado. La melancolía empieza a invadirme. Sólo espero poder evitar la tentación de volver a coger la botella. No quiero volver a aquello.

Grace, sé fuerte. Ambos tenemos que serlo. 
En cuanto recibas mi próxima carta, por favor, no demores en contestarme. Necesito saber qué tal te fue con Atticus. Porque necesito despedirme de él y lo haré de una forma u otra en base a vuestro encuentro.

Me despido ya, mi amada.

Te añoro, hoy y siempre.


Roderick

lunes, 16 de mayo de 2016

Detroit, 21 de diciembre de 1919
Mi querido amigo Atticus:

Quizás para cuando te llegue esta misiva ya esté en tierras asiáticas, pero como no sé si la comunicación allí será buena, quería contarte en la madrugada de hoy, los últimos acontecimientos que por poco me hacen cambiar de opinión en mi nueva aventura. También siento que al final no te cases con Grace, es muy buena mujer y te hubiera hecho muy feliz.

Con lo que te ponía al inicio del escrito no sé por donde empezar, mi mano tiembla y apenas puedo sostener la pluma con firmeza, creerás que es por el frío pero te aseguro que mi temblequeo viene por otros motivos. Siento que la carta te llegue tan manchada de tinta, no es propio de mí, pero hoy es un día que ansiaba mas que nunca contarte lo que me había sucedido.

Sabes que mi preocupación era Alina, pues le conté a ella todos mis planes días después de haberte escrito la carta y de haber hablado con mi amigo Harper en China. Le hablé de que te había escrito para pedirte trabajo para ella y fue entonces cuando se enfadó nada más contárselo. Me decía que ni siquiera había consultado con ella para tomar tan difícil decisión de irme y la de mandarla a Londres. Creí que ese día abandonaba la clínica y ya no la volvería a ver más. Pero no lo hizo, acudió como cada día a su trabajo sin apenas hablarme salvo que no fuese del trabajo. Esto hizo que adelantase mi viaje y de querer irme para enero, decidí irme precisamente para la fecha de esta carta que te envío.

Después de ser un fantasma en mi propia clínica sin saber qué hacer con Alina, justo ese día recibí tu carta y ya me suponía lo que pondrías en ella, aunque me sorprendió lo de tu desenlace. Recordé entonces que tenía un amigo médico en mi misma ciudad y me reuní con él por si podría llevar él la clínica, pero me dijo que no podía. Sin embargo, me recomendó a un médico recién salido de la universidad y con muchas ganas de ejercer su profesión. Dos días más tarde me entrevisté con ese chico y te puedo asegurar que me causó por una parte muy buena impresión y, por otra parte, de haber estado en otra situación no le hubiera contratado, porque reconozco que es tremendamente atractivo, seguro que Alina se podría enamorar de él.

Ahora llega la parte por la que mi cuerpo siente escalofríos y no tiene que ver por el tiempo. Después de hablar con Joseph, mi joven médico, fui hablar con ciertas amistades para solucionar unos asuntos pendientes que ahora te relataré. Al día siguiente de la entrevista, acudió Joseph a la clínica como había acordado con él y cité a Alina así como a otra chica que recién contratamos para hablar con ellas. Les presenté a Joseph y les pedí que le enseñaran la clínica, ya que empezaría hoy mismo y cité a Alina para hablar en persona con ella. Una vez que Alina acudió a mi consultorio con una sonrisa en su rostro y hablando bien de la nueva incorporación, le pedí que entrase y cerrase la puerta. Estaba intrigada por lo que podría decirle y sin apenas mediar palabra alguna con ella, le extendí dos sobres encima de la mesa. Ella me preguntó que eran aquellos sobres y le dije que uno de ellos era su matrícula a la universidad para estudiar medicina, si la aceptaba estaba cubierta los años que estuviera estudiando y el otro sobre eran todos mis ahorros para que la administrase como ella quisiera y poder así sostener los gastos de la clínica. Se produjo un silencio, conociéndola sabía que los rechazaría, así que me adelanté a sus palabras y le dije: "Sé que te gusta la medicina y esto no puedes rechazármelo porque es un regalo para ti y el dinero lo necesitarás si quieres que la clínica funcione, ya que serás tú quien la dirija". Pensé que me reprocharía que otra vez hacía algo sin contar con ella, sin embargo, se abalanzó tan rápido a mí que ni siquiera pude reaccionar, si me hubiera pegado unas bofetadas no las hubiera visto, pero en su lugar recibí un abrazo fuerte y silencioso, al que yo correspondí.

Un día antes de mi marcha Alina había organizado una fiesta sorpresa de despedida, yo fingí no saber nada pero en los días antes de la fecha ya había recibido telegramas que cancelaban la invitación a la fiesta. El día de la fiesta, que sería unas horas antes de escribirte esta carta, todos los acontecimientos de la fiesta, las amistades, los conocidos, el ágape fueron cuidadosamente controlados por Alina y todo salió a la perfección. Hacía tanto tiempo que no acudía a celebraciones sociales que ya no sabía como comportarme. Cuando a una hora prudente se iban marchando los invitados, Alina, como si fuese la anfitriona de mi solitaria mansión, les pidió al servicio que vinieran temprano a recoger todo aquello y cuando despidió al último invitado, fue a la cocina con una botella de champán francés y mientras se acercaba a mí con la botella en la mano derecha y dos copas vacías en la izquierda, se iba descalzando sus zapatos de tacón negros. Al estar próxima a mí, me dijo que deseaba celebrar la marcha de su jefe a solas. Extendió su mano izquierda con las copas y esparció el líquido espumoso entre las copas y el suelo y ofreciéndome una  me preguntó si me había gustado la fiesta, le dije que sí mientras observaba aquella belleza de mujer casi irreconocible. Entre copa y copa sentía sus labios arder junto a los míos, sentía como su vestido fuese un papel al que habría que rasgar con delicadeza. Mi querido amigo Atticus, me hubiera gustado haber perdido la cabeza pero no fue así, entonces fue cuando se me durmió en el suelo, la cogí en brazos y la llevé hasta mi cama dejándola encima de su colchón mullido y tapándola con una sábana de franela. Te puedo decir amigo Atticus, que la encontré tan atractiva allí tumbada, que le hubiera robado un beso furtivamente, sin embargo, me consolé con observarla unos minutos y a la vez que escribía esta carta para ti, mi amigo Atticus, le dejaba una junto a su regazo agradeciendo las molestias que se había tomado para organizarme la fiesta, ya que no me atreví a despertarla para despedirme de ella.

Mi querido amigo Atticus, espero recibir tu próxima carta que me llegará a la dirección que te adjunto en el sobre y saber de ti al igual que yo te contaré mis aventuras por Asia.


                                                                                                                           Michael Sterling



domingo, 15 de mayo de 2016

Londres, 15 de diciembre de 1919
Querido Roderick:

Tengo miedo. Parece que el destino quiera que siempre estés abocado al peligro. Primero en tu país, y ahora en Irlanda. No dejamos de leer noticias sobre los altercados que se producen allí con el tema de la independencia. Todos por aquí andan inquietos, no solo los políticos. Mi padre no hace más que sacar su vena patriota y a mí me pone enferma. No entiendo que él sea incapaz de ponerse en el lugar de los irlandeses, si fuesen ellos los que hubiesen invadido Inglaterra para oprimirla desde hace siglos, veríamos si sería tan unionista. Mi madre anda preocupada por si se da otra guerra y alguno de nuestros conocidos debe ir a luchar en ella. No deja de nombrar a Atticus, en concreto...

Pero no quiero apenarte ahora con ese tema y tampoco abrumarte con mis pensamientos sobre Irlanda cuando tú lo estás viviendo de primera mano. Ten cuidado, es todo lo que te pido. Ya creí perderte una vez, no podría pasar por algo así. 

Todo sigue bajo lo planeado, casi lo tengo todo. Los días previos a Nochevieja serán los idóneos, mi familia da una gran fiesta y estará muy ocupada en los preparativos, no repararán en mí hasta que hayan pasado las horas suficientes para que yo esté yendo hacia tu encuentro. Roderick, siempre te he amado, pero desde aquella noche siento que tenemos una conexión especial. No sé cómo pudimos prolongar tanto aquello. Algunas veces, antes de dormir rememoro cada minuto vivido aquel día y tiemblo de emoción. Estoy deseando que podamos ser por fin marido y mujer y pasar cada noche juntos, sin escondernos y sin pensar en los demás. 

Tengo que irme. He quedado con Atticus. Creo que es el momento de aclarar ciertas cosas. 
Siempre tuya,
Grace



miércoles, 11 de mayo de 2016

Berlín, 15 de noviembre de 1919

Mi añorado hijo,

¡Te echaba tanto de menos! Ha sido un sufrimiento todo este tiempo sin saber de ti.

Primero déjame disculparme porque sé que esperabas noticias de tu hermano y no mías, pero yo abrí la carta y me aliviaron mucho tus palabras. Tu hermano salió hace dos semanas hacia Londres y no he vuelto a saber de él.Estaba muy nervioso, no sé qué se trae entre manos. ¡Por Dios, me vais a matar los dos!

Me alegra tanto que estés bien. Hijo, te mando algo de dinero, espero que no se pierda por el camino. Hay tanto miserable suelto... Acéptalo, por favor. No quiero que mi hijo esté ahogado en la miseria. 

Deberías volver y dejarte esas tonterías en las que andas metido. Aún no es tarde para ti aquí. Verás, queríamos prometer a la joven hija de los Niemann con tu hermano, pero éste la rechazó. Pienso que haría mejor pareja contigo, es una joven muy hermosa y heredera de una gran fortuna. Prométeme que lo pensarás. No seas cabezota.

Bueno, mi querido Oliver, tengo que dejarte. Debo contarle a tu padre sobre ti. Qué alegría, mi vida.

Un abrazo muy fuerte,

tu madre, que no te olvida.
Dublín, 30 de noviembre de 1919


Mi amada Grace:


Ya he llegado a Irlanda. Estoy tan emocionado...
Todavía guardo grabada en mi piel la noche del 17 de noviembre, cada caricia y cada beso tuyo. Sólo de recordarlo... Qué feliz me haces mi hermosa Grace.

El plan sigue en pie tal y como lo hablamos: en dos semanas partiré a Chicago y te daré el tiempo necesario para que dejes todo en orden. Mientras nos iremos comunicando por  carta. Cuando esté allí te mandaré mi nueva dirección para que me tengas al tanto de todo.

Sé que fue una locura lo que hicimos aquella noche. Pero bueno, de sobra sabes que la carta que me escribiste dos días antes no llegó a mis manos. Quizás la haya leído mi madre. No te preocupes, si es así me lo dirá y podré explicarle. En ella puedo confiar.

Aun siendo una locura, dime que no fue la mejor noche de tu vida. Recuerdo cada instante: llovía a mares. Tu ama de llaves no supo quién era cuando le dije que te mandara llamar. Y tú saliste corriendo hacia la puerta con aquel paraguas que terminó perdido en aquel hostal al que fuimos más tarde. Deberías haberte visto la cara cuando te cogí por la cintura y te di la vuelta para que me miraras. No podías creerlo y menos aún podías creer aquel beso tan largo y apasionado que nos dimos. Te pilló todo tan de sorpresa...

Mi Grace... Claro, que fue una locura, pero lo había planeado todo para que fuera la mejor noche de nuestras vidas. Nos la merecíamos. 

Un coche nos esperaba en la puerta. Apenas hablamos nada y ya estaba estirando de ti para llevarte hacia él. Durante el trayecto nos pusimos al día de todo entre beso y beso. Y la parte del hostal me la reservo porque escrito en un mero papel no le haría justicia a la realidad.

Perdona, mi amor. Necesitaba contarlo y eres la única a la que se lo puedo contar aunque sepas de sobra cada detalle.

Estoy ansioso de volver a verte, no sabes cuánto.

Sé lo angustiada que estás por Atticus. Yo también, no olvides que es mi mejor amigo, pero en la guerra y el amor todo se vale y yo ya he sufrido mucho en esta guerra. Ahora me toca ganar.

Siempre tuyo,

Detroit, 5 de noviembre de 1919

Hermano:

Sé que ha pasado mucho tiempo, no nos separamos en los mejores términos y no tengo excusa para no haber escrito desde que salí de Berlín hace ya dos años.
He de admitir que me avergonzaba escribir, el primer año fue duro económicamente y la cosa emperoró cuando empecé a juntarme con malas compañías... Sólo diré que hay una amplia red de apuestas ilegales en Detroit.

Pero desde la última Navidad, cuando me vi solo, sin cenar con vosotros, sin nada, decidí enmendarme. Con la ayuda de mi amigo Dirk, un compatriota de Hamburgo que frecuentaba los mismos bajos fondos que yo porque tampoco tenía elección, pero de buen corazón y olfato para las apuestas, empezamos a ganar y ahorrar algo de dinero.

Por eso he decidido escribirte ahora, cuando puedo anunciarte que soy el humilde co-propiertario de un restaurante alemán en Detroit. Se llama Nibelungen. Dirk se encarga de la cocina y yo del bar.
Abrimos hace unos tres meses y de momento funciona muy bien. Está situado en un barrio donde casi todos somos inmigrantes, así que la clientela es de todo tipo y por lo menos en lo que se refiere a bebidas, nos adaptamos a todos los gustos.

Mírame, presumiendo como un padre primerizo cuando debería estar suplicándote perdón por haber partido en tan malos términos. Pero no podía aguantar más las pretensiones de nuestros padres, sobre todo con el escalofriante panorama en el país, las carencias de todo...Y ellos solo pensando en trepar socialmente.
Por eso vine a Estados Unidos, para labrarme un nombre por mí mismo y para no depender de otros y por fin parece que mi vida se encauza.

Querido Roderick, transmite mi afecto a nuestros padres (aunque no apruebe sus ideales no significa que no los quiera y me preocupe por todos vosotros), cuídate y si lo tienes a bien, escribe.

Un fuerte abrazo, 

viernes, 6 de mayo de 2016

Volgogrado, 1 de noviembre de 1919


Qué alegría me da leer sobre tu nueva vida y saber que no estás sola. Me encantaría estar ahí e ir al cine contigo. Y espero que tú no vuelvas sola a casa ninguna noche, ¡qué valiente es esa chica! Tal y como está el mundo nunca se sabe. Aunque allí todo debe ser diferente. 

Nuestra madre se ha puesto muy contenta cuando le he dicho que estás aprendiendo mucho gracias al Dr. Sterling. Debe ser un buen hombre. Si le hubiese leído a mamá lo que me cuentas sobre sus sentimientos, no tardaría un segundo en decir que deberías pensar en casarte con él, ya la conoces. Todavía me acuerdo cuando Andrey te regalo aquel libro y en casa ya estaban preguntándose cuándo te iba a pedir la mano…

Por mi parte, creo que de momento debes mantener las cosas como están, más aún si el doctor no te dice nada. Si algún día lo hiciera, lo justo es que seas sincera, pues un hombre como él lo entenderá y no mezclará el trabajo con lo personal. Estoy segura de ello.

Y tengo algo que contarte... Nikolay, un amigo del tío Ilya, ha venido con su hijo Anton a Volgogrado. Según nos han dicho es por cuestiones laborales. Bueno, cómo decirlo, Anton es lo mejor que nos ha pasado en mucho tiempo. Es tan atento y nos ayuda tanto en casa. No depende de él, pero ojalá no se vaya pronto. Además, le gusta tanto leer como a mí y es agradable hablar con él sobre literatura. Te caería muy bien.

Mamá me llama desde la cocina para que le ayude, así que voy a acabar la carta aquí. Últimamente no se encuentra muy bien y casi todas las tareas las hacemos entre Anton y yo. El que está hecho un roble es papá, pero cuando está en casa se pasa el día en el sótano arreglando aparatos que encuentra, no se le ocurrirá a él pelar una patata.

Te echamos de menos y te mandamos un abrazo. Anton dice que de su parte también porque es como si ya te conociera después de tanto oírnos hablar de ti.

Escribe pronto,tu hermana que te quiere, 




Londres, 20 de diciembre de 1919


He recibido tu carta hace unas horas, sin embargo, ya conocía brevemente lo que en ella me cuentas y me pides. Alina lo comentaba en su última carta y Grace, a su vez, me lo comunico a mí. Al principio consideré tu propuesta, pues me encantaría tener cerca a una amiga como Alina. Pero una conversación con Grace me hizo recapacitar.

El deseo de Alina no es vivir en Londres, sobre todo, teniendo en cuenta todo el esfuerzo que le supuso llegar a Estados Unidos. Además, sé de primera mano que ser enfermera es su vocación y, lamentablemente, mis mejores contactos en Londres no se encuentran en el ámbito de la medicina. Puedo imaginar tu preocupación cuando leas estas líneas, pero déjala a un lado, porque has conocido a Alina, y sabrás que es una mujer muy capaz de cuidar sí misma. Si mi memoria no falla, en Detroit vive un tal Dr. Taylor. Lo recuerdo porque atendió a mi tía Anna que sufrió un pequeño desmayo durante una cena benéfica. Fue amable y mi tía estuvo varias semanas hablando de lo ocurrido y del doctor. Le he pedido su dirección a mi tía Anna y te envío una tarjeta junto a esta carta.

Imagino que la próxima vez que te escriba, será a tierras asiáticas. Es una decisión difícil, pero sé que harás una buena labor y ayudarás en todo lo que puedas.

Aunque me apena que no hayas podido venir por Navidad tal como hablamos, he de decirte que no hubiese sido una visita cómoda para ti. La situación en casa es complicada. Mi enlace con Grace no ha seguido adelante. Lamento no poder dar más detalles, pero no soy capaz de hablar sobre ello en estos momentos. Solo quería que lo supieras.

No puedo terminar esta carta sin decirte lo mucho que siento la muerte de tu amigo Paul, de veras hice todo lo que estaba en mi mano en esos momentos.

Espero noticias todo lo pronto que sea posible. Feliz Navidad, Michael, y buen viaje.

Tu amigo, 

miércoles, 4 de mayo de 2016

 Londres, 15 de diciembre de 1919
Querida Alina: 

Siempre es grato recibir noticias tuyas. Aunque me apenó escuchar que tu mentor, el Dr. Sterling se marcha a China. Por un lado entendería que te molestara algo que no pensara en ti para ir a descubrir otra cultura, y no hablo solo de la parte medicinal. Pero entiendo que sintieras alivio si creías saber que podía tener sentimientos no correspondidos hacia ti. 

Estoy convencida de que pronto encontrarás algo nuevo. Te admiro por haber sido una mujer que desafía al mundo establecido y por haber llegado donde estás. Por eso estoy segura de que una nueva oportunidad está al caer. Además, me alegra mucho saber que cuentas con el apoyo y compañía de Lillian. Dicho todo esto, imagino que entiendes que te apoyo en tu decisión de no permitir que Atticus interfiera en tu futuro. Algo me ha dejado caer y yo, de paso, le comuniqué mis pensamientos. Le expliqué que eres fuerte e independiente y que regresar al viejo continente no es, precisamente tu sueño después de lo que te costó llegar a América. 

Sin embargo, no sé hasta qué punto puedo influir yo en él. Lo cierto es que nos hemos distanciado durante las últimas semanas. Desde su regreso de York, apenas cruzamos más que las palabras necesarias. No ha querido acompañarme a ningún recado relacionado con la boda, siempre encontraba excusas de trabajo. Creo que la pipa que le regalé lo desencadenó todo, oh, no es tu culpa ni mucho menos, pero me parece que esconde algo en esa afición que no logro descifrar. 
Pero sería muy injusta echándole toda la culpa a él. He de confesarte que he agradecido ese tiempo para mí misma. Son estos malditos nervios, que me vuelven insufrible. No puedo avanzarte mucho, pero algo grande está por llegar. Creo que algo bueno para todos. 

No tengo tiempo para más, Alina. Te deseo todo lo mejor y espero saber en tu próxima carta que has encontrado algo que te entusiasme. 

Atentamente, Grace



Londres, 15 de noviembre de 1919
Amado Roderick:

No sé si leerás esta carta, porque desconozco si vas a ser fiel a tus planes o te has parado a sopesar un poco. Como te conozco lo suficiente, creo que después de ese arrebato, te pararías a pensarlo en frío y desecharías la idea que me comentabas en tu última carta. 

Y, precisamente porque te conozco, también sé que estás esperando mi aprobación para poder seguir con tu plan. Ésta es mi respuesta: Ven. Puedo reunir el dinero suficiente, incluso sabría cómo conseguir documentación falsa para que comencemos una nueva vida juntos, lejos de este odio entre nuestras familias, amigos y países. Pero no seas imprudente. Debemos planearlo todo con cuidado. Yo no puedo levantar sospechas aquí, sabes lo fácil que sería para mi familia alejarme aún más de ti si descubren lo que tengo en mente. Por otra parte, estoy prometida, sería una imprudencia por mi parte desaparecer sin más, imagino que mi  futuro esposo me buscaría hasta dar conmigo. Y créeme, tiene contactos y capital suficiente como para hacerlo. Por eso debo aparentar normalidad hasta que consigamos que llegues hasta mí. 

Roderick, sé que lo que hice está muy mal, que me dejé llevar por mi familia y por lo que se se suponía que era lo correcto. Pero estos meses sin ti han sido una larga agonía. Sabía que no podría olvidarte, pero pensé que quizá podría mitigar ese dolor con otra persona . La confirmación de mis sospechas fue tu última carta. Conforme avanzaban las líneas creía que ibas a contarme que Emily y tú os ibais a casar. Casi desfallezco imaginado que no era yo a la que llevabas al altar y que a mí  me llevaría alguien a quien he engañado, como hice contigo al tratar de convencerte de que eso era lo mejor. Porque sobre todo, me he engañado a mí y eso iba a acabar conmigo y todo lo que tenía alrededor. Incluído lo que más quiero, tú. 

Te enviaré más información. No olvides no escribir el remite en tus cartas, por suerte yo encontré esta, pero no quisiera que fuese mi madre la que lo hiciera. 

Se despide, la que te ama: 

martes, 3 de mayo de 2016

1 de diciembre de 1919

Estimada Grace:

Me alegro mucho de que mi idea te sirviera, espero que Atticus sepa apreciar tus esfuerzos y cariño.
Perdona mi demora en contestar, hay mucho trabajo en la clínica y en mis ratos libres intento ponerme al día de los últimos avances en medicina. Aunque no te voy a engañar, también he estado haciendo un poco de vida social con mi vecina, Lillian, y algunas de sus amigas.

Sin embargo, estos días he estado pensando en Atticus y en ti, justo hace poco le escribí a mi hermana Katenka lo bien que me estoy adaptando y lo satisfecha que estoy en la clínica...
Pues bien, ayer mismo, el dr. Sterling me comunicó que a principios del año próximo se va a trabajar a la China, nada menos, y no puede darme trabajo.
Me sorprendió mucho, pues yo sospechaba que se estaba enamorando de mí, pero ni siquiera me ofreció acompañarlo. En cierto modo es un alivio, ya he tenido sufientes viajes difíciles y además, me temo que no podría corresponderle.
Para que no me preocupara, me dijo que ya le había escrito a Atticus pidiéndole que se ocupara de mí o que me diese trabajo en vuestra casa.
Sé que lo hizo con buena voluntad, pero mi conciencia y mi orgullo me impiden aceptar. También sé que Atticus accedería sin pensarlo, por eso te pido, de mujer a mujer, que intentes disuadirlo de que insista, no soportaría ser una carga en la nueva vida que estáis a punto de comenzar juntos.

Detroit es una ciudad enorme, donde siempre surge algo y no tendré problemas en encontrar otro empleo, sea de enfermera o no.
Además, Lillian conoce a mucha gente e incluso yo tengo bastantes conocidos ya en el barrio, casi todos inmigrantes como yo, de todos los países imaginables, que seguro pueden ayudarme.
También hay muchos alemanes, como me preguntaste.
De hecho, uno de mis restaurantes favoritos es alemán, se llama Nibelungen, como la famosa ópera. Si es verdad que visitáis Detroit, podríamos ir alguna vez.

Vaya, parece que sólo sé hablar de mí misma.
¿Cómo estás tú? Espero que los preparativos de la boda no te estén dando muchos quebraderos de cabeza.

Me alegro mucho de que me hayas escrito y espero que sigamos haciéndolo de manera habitual.

Tu amiga,