Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

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martes, 19 de julio de 2016

Chicago, 1 de marzo de 1920


Ni siquiera sé qué responder a tu carta. Llevo mirando la botella de whisky desde hace horas, de hecho la tengo frente a mí. Pero no la he tocado. No la he tocado y la necesito.

Grace, sé que fui débil. Pero entiende que lo que hice fue un arrebato, estaba dolido. No quiero quitarme parte de culpa. Toda es mía. Pero entiéndelo.

Grace, he estado pensando lo que has dicho de que nuestra relación nos destruye y por un momento he creído que lo mejor es dejarlo y empezar una nueva vida, pero no. Me niego a tomar el camino fácil. Grace, ¿para esto hemos luchado tanto? Volvamos a empezar, pero juntos. Por favor, ven a mi lado. No voy a darme por vencido, sabes lo cabezota que soy. 

Recuerda aquella noche. ¿No deseas que todas las noches de tu vida sean así? Yo sí. Si no vienes junto a mí, volveré a por ti Grace. 

Voy a vaciar la botella que tengo enfrente. Te prometo que voy a vencer eso. Una vez estés a mi lado... ¿No te das cuenta de que me he apoyado en la bebida por no tenerte, por mitigar el dolor que me produce no estar contigo? Grace, si me dejas caeré en una espiral. Será mi fin. ¿De qué me ha servido no morir en la guerra si no he logrado estar contigo?

Ójala hubiera muerto en el campo de batalla.

Me despido y esperaré nuevas tuyas. 

Sigo amándote.

Roderick


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