Londres, 1 de marzo de 1920
Ésta es la tercera carta que inicio hoy. Tal vez debería dejar más tiempo para contestarte, por aquello de no responder cuando el dolor y la rabia son los que mandan. Pero creo que no nos merecemos más demoras y necesitamos, de una vez por todas, seguir adelante con nuestras vidas. Me habría gustado que esa vida fuese contigo. Sé que yo misma, muchas veces, no he sido coherente con mis decisiones y actuaciones. No dejo de preguntarme si por fin estaríamos juntos si yo no hubiese tomado la decisión de casarme con otro, si hubiese sido valiente y hubiese ido en tu busca cuando debí hacerlo.
Me arrepiento, Roderick. Me arrepiento porque con aquello sólo cree dolor a mi alrededor. En casa soy una extraña a la que mis padres desean quitarse de encima, por ser su mayor vergüenza. Ya no cuento ni con su cariño ni con su apoyo. Y yo tampoco los mendigo. Hice daño a Atticus y vuestra amistad se rompió. Tú volviste a la bebida una y otra vez, en cada golpe. Pero fue en el último cuando caíste más bajo. Intento no culparte, porque no quiero que tanto amor acabe en odio. Pero me cuesta, Roderick, me cuesta mucho. En las líneas anteriores reconocía mi parte de culpa, supongo que tengo lo que me merezco. Pero eso no quita para que no lo acepte.
Con todo lo que te he dicho arriba, quería que llegases a la misma conclusión que yo he llegado. Este amor es demasiado destructivo. Nos destruye a nosotros y destruye a los de nuestro alrededor. Creo que lo mejor es que esto acabe aquí, Roderick. No podemos seguir así. Cuando no son los demás, somos nosotros los que construimos muros entre los dos. Y yo ya no puedo seguir así.
Nunca amaré como te he amado a ti. Nunca seré de nadie tanto como lo fui tuya aquella noche, Y todas las noches desde que te conozco. Pero por ese amor tan grande, porque quiero que vivas sin más preocupaciones, me despido de ti.
Siempre tuya, Grace
No hay comentarios:
Publicar un comentario