Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

Páginas

miércoles, 1 de junio de 2016

Detroit, 5 de diciembre de 1919

Querida madre:

Me alegra enormemente saber que estáis bien, pero también me apena no haber podido contactar con Roderick. Por favor, en cuanto recibáis noticias suyas, dame su dirección, hay demasiado por aclarar entre él y yo.

Madre, ¿no leíste mi carta? Todo está bien ahora, el restaurante funciona muy bien y no tengo necesidad de vuestro dinero, así que aquí os lo devuelvo, y aumentado, porque a mí nada me falta pero temo por vosotros en Berlín. Por eso os mando dólares americanos, es una divisa mucho más fuerte que el marco, guardadlos bien para una emergencia. Dios quiera que no ocurra nunca y podáis gastarlos a vuestro placer cuando todo este horror acabe.

Y respecto a lo de volver... Lo siento, pero no puedo. Os quiero, pero no soporto vuestras presiones para casarme y ascender socialmente, como ya dije en la carta que debía ser para mi hermano.
No puedo renunciar a la libertad y a las oportunidades que América me brinda, estar donde estoy ahora, después de todo lo que he pasado, es el mejor ejemplo de ello.
No sólo no puedo, sino que no quiero.

He de irme, tengo que trabajar. Sé que es pedir lo imposible, pero no te angusties por mí, madre, todo va bien. Tened cuidado vosotros y dime algo en cuanto sepas de mi hermano.

Tu hijo que os quiere, 
Oliver

No hay comentarios:

Publicar un comentario