Londres, 1 de febrero
de 1920
Querida Alina:
Aunque haya pasado ya un mes
desde que inauguramos año, yo todavía no he tenido la ocasión de desearte uno
muy feliz. Sabía que podía confiar en ti al hablarte de mi ruptura con Atticus.
Aunque no nos hemos vuelto a ver desde que quedamos para hablar, sé que Atticus
empieza a mover hilos. El tiempo comprometidos y los círculos por donde nos
movemos, me han permitido saber que andaba nervioso. Todo el mundo me culpaba a
mí, aunque nadie, salvo mis padres, me lo digan directamente. Pero yo sé que
Atticus anda tramando algo que nada tiene que ver conmigo. Ojalá todo le salga
bien. En nuestro último encuentro comprobé que, aunque como matrimonio
habríamos fracasado, es mucho el aprecio que siento por él y espero que algún
día hasta podamos ser amigos.
Leo que tú sí forjas nuevas
amistades. Lo cierto es que me encanta leer que Lillian te ayuda tanto y que en
ella has encontrado el necesario apoyo que necesitas. No dudo de la belleza de
tu amiga, pero créeme que tú no puedes quedarte atrás. Cuando llegaste, llenaste
todo de un encanto que poca gente tiene. Y no hablo sólo de tu físico. Hablo
también de que irradias buenas sensaciones y paz. Alina, los días que pasamos
juntas para mí fueron una suerte de bendición en ese sentido. Parece que te
esté escribiendo un amante y se me escapa una risilla al releer todo esto. Pero
quería que supieras eso, para que nunca te sientas menos que nadie y menos
ahora que necesitas ser más fuerte que nunca. En cuanto a lo demás, disfruta y
déjate llevar. No estás en Volgogrado, como dices, y ese largo viaje que
emprendiste no fue más que para poder ser tú misma.
Igual te preguntas por qué he
tardado tanto en escribir, cuando hace días que recibí tu carta, y por qué el
remite sigue siendo el mismo de siempre. Alina, lo que te voy a contar no es
fácil, pero creo que como enfermera, mujer y, sobre todo, amiga, eres la que
mejor me va a entender. He estado un par de semanas ausente y apartada de todo,
aislada en nuestra casa de campo. La versión oficial es que me encontraba
enferma y necesitaba reposo. Sólo mi madre y mi
hermana mayor saben la verdad. Ahora tú también lo sabrás. Sufrí un
aborto bastante estrepitoso y perdí al hijo que esperaba de Roderick.
En Navidad fui consciente de que
tenía una falta y hacía apenas un mes de nuestro encuentro. Sin embargo, no
quise contarle nada a él, confiaba en que pronto estaríamos juntos y podría
decírselo en persona. Pero nada ha salido como esperaba y esto, además de
minarme física y anímicamente, lo ha complicado todo. Mi madre prefiere no
hablar del tema, pero sé que en estos momentos me repudia. Tengo miedo de que
piense que Atticus era el padre y tome algún tipo de medida errónea. Creo que
debería hablar con él, pero no sé cómo hacerlo. Y por otro lado está Roderick,
al que ni me he atrevido a escribir. ¿Qué podría decirle? ¿Cómo le explico el
motivo por el que todavía no he podido viajar cuando apenas me atrevo a pensar
en ello?
Espero que para cuando recibas
esta carta, haya encontrado todas las respuestas.
Te desea lo mejor,
Tu amiga Grace
No hay comentarios:
Publicar un comentario