Detroit, 22 de septiembre de 1919
Querida Grace,
En verdad me sorprendió tu carta, pero tú me trataste tan bien cuando tuve que quedarme en Londres, como si fuera parte de la familia, que me encantaría poder llamarte amiga.
Además, la deuda que tengo con Atticus es grande y lo aprecio tanto que no puedo desearle más que lo mejor, igual que a ti.
Desde la primera vez que vi a Atticus en las conferencias de Moscú, noté lo reservado que era, incluso demasiado frío a veces.
Pero conforme lo fui conociendo mejor y tomamos confianza descubrí el buen corazón que yo ya sospechaba que tenía, sólo que no creo que sepa cómo mostrarlo y tal vez no se atreva, quizás por experiencias pasadas.
No estoy muy versada en estos temas, si te soy sincera creo que nunca me he enamorado. Pero en cualquier caso, no creo que sea algo tan sencillo como para pasar de un día a otro. Y menos siendo un matrimonio de conveniencia...
Aunque por lo poco que pude ver de ti y con lo que conozco a Atticus, te puedo decir que es cuestión de tiempo. Con lo encantadora que eres y lo sinceramente que te preocupas por él, no tardará en darse cuenta de lo que ha encontrado, aunque quizás le cueste exteriorizarlo. No desesperes, que todo llegará.
Seguro que todo eso ya lo sabías tú, lamento no poder ser de más ayuda, pero quiero que sepas que a pesar de ello, puedes contar conmigo para lo que necesites.
Tu amiga,
P.D: sé que Atticus siente una debilidad secreta por las pipas de tabaco hermosas, quizás sería una buena idea para un regalo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario