Berlín, 5 de noviembre de 1919
Querido Atticus,
hasta este momento no he podido escribirte. Mi cabeza andaba dándole vueltas a ciertos tormentos. Quiero y debo decirte tantas cosas que no sé por dónde empezar.
No la amas. No amas a tu prometida y sé cómo te sientes. Creo que deberías romper ese compromiso pese a lo que digan. Si no la amas no la harás feliz y sólo de pensar que...
Atticus, debo decirte algo. Dentro de dos semanas iré a Londres. Espero poder encontrarte allí. Es urgente lo que debo decirte, me estoy torturando a mí mismo y temo por nuestra amistad.
Amigo, no pierdas la esperanza de volver a estar con Elisabeth. Yo he vuelto a recuperar la ilusión de ver a mi amada *palabra emborronada ilegible*. Aún no puedo decirte su nombre, pero lo sabrás, dentro de poco lo sabrás.
Tengo ciertos planes en mente. Pueden parecer descabellados, pero son los planes de un hombre desesperado.
Debo despedirme de ti, siento haber sido tan conciso pero debo preparar mi viaje y el tiempo apremia.
Nos veremos pronto, amigo.
Un fuerte abrazo,
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