Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

Páginas

viernes, 29 de abril de 2016

Detroit, 6 de diciembre de 1919

Mi estimado amigo Atticus,

En mi anterior carta te pedí que fueses a visitar a mi amigo Paul Fontiadenau a París, pero leí en tu carta que estabas enmarañado con tus asuntos de negocios y otros menesteres. Al poco de recibir tu respuesta, la que agradecí con agrado, y ver que mi amigo Paul había sido atendido me quedé satisfecho. Sin embargo, hace unos días me llegó un telegrama de su hermana donde decía que Paul había fallecido. Me siento apenado por saber su muerte, ya que me imagino que estaría solo en aquel tugurio. Su hermana me cuenta que la herida se infectó pocos días después de la asistencia médica, pero en tu carta leo que había una enfermera en el inmueble donde él vivía. Creo que de haberle inyectado un antiséptico, la herida no le hubiera provocado una infección, pero no dispongo de más datos sobre el asunto. Me siento responsable por su muerte, por no haber podido ir para ver las necesidades de mi amigo, pero ya nada puedo hacer ahora.

Mi querido amigo, ahora te mando esta misiva para volver a pedir tu cooperación. Sé que tus asuntos también requieren atención, pero en esta ocasión deseo que me complazcas de nuevo. El motivo por el que te escribo es para decirte que no sé que hacer con Alina. A principios del año que entra, marcho al lejano oriente, para ser más exacto a China. Como sabrás, tras su revolución de hace 8 años, vive sumida en la pobreza y las enfermedades.

Sobre estas líneas te voy a contar los motivos de mi repentina marcha. Verás, mi amigo y colega Harper Gawain lleva desde inicio de este año en un campamento de investigación en un poblado chino cerca de Pekín. Para su centro médico provisional necesita a profesionales como yo, con una situación sentimental solitaria, como la mía. Por este motivo, te escribo de urgencia, ya que no me puedo llevar a Alina hacia esas tierras inhóspitas y llenas de peligros.
Así que, mi opción eres tú, de nuevo te pido, al amparo de nuestra amistad, esa ayuda que podrás ofrecerme, como otras tantas veces en las que tú y yo nos hemos ayudado. Puesto que eres uno de esos pocos hombres a lo que conozco que tienen dinero, te pido que durante mi estancia en Asia, te hagas cargo del mantenimiento de Alina. A ti no te resultará complicado darle trabajo, así que, cuando reciba tu carta haré las maletas para embarcarme en esta nueva aventura.
Por supuesto, te escribiré antes de marchar hacia el mar Amarillo, puesto que mi decisión es firme y espero muy pronto tu respuesta para solucionar el tema de mi joven enfermera.

Te mando un fuerte abrazo, tu amigo, Michael Sterling
                                                                                              

No hay comentarios:

Publicar un comentario