Londres, 22 de noviembre de 1919
Querido hermano,
Espero que vaya todo bien por Bedford.
He estado a punto de no escribir esta carta e ir allí directamente.
Padre me está volviendo loco. Es incapaz de dejar hacer las cosas a
los demás. Al menos no se preocupa por la boda porque piensa que
madre lo tiene todo controlado. Ojalá fuera así, Rupert. Creo que
Grace y yo no hacemos más que retrasar la fecha de manera
inconsciente.
Desde que me regaló aquella pipa,
nuestra relación se ha enfriado. Cuando regresé a Londres intenté
que mi actitud hacia ella fuese como antes del viaje. Aunque lo
hablamos, creo que no sirvió de nada. No tuve valor para contarle lo
que significa esa colección para mí, que la miro cada día y me
acuerdo de la sonrisa de Elisabeth cada vez que me regalaba una
nueva...
¿Y sabes qué? Estoy empezando a
pensar que no soy el único que oculta algo. Grace está muy distinta
y me da la sensación de que no es solo por un regalo desafortunado.
Me recuerda tanto a lo que nos contaba la tía Anna sobre padre y
madre antes de casarse. Quizás debería pararlo todo antes de que la
historia se repita. Porque no puedo consentir que Grace y yo seamos
tan infelices como lo han sido ellos.
Además, ayer recibí una carta de
Roderick, el alemán, ¿te acuerdas de él? Viene a Londres, se ha
vuelto loco. Parecía tan angustiado. Supongo que recibiré noticias
suyas en cuestión de horas. En su carta me decía que no me case con
Grace, que no la haré feliz porque no he olvidado a Elisabeth. Me
hablaba también de que está ilusionado por encontrarse con su
prometida. Pero lo que más me ha extrañado es que, según sus
palabras, temía por nuestra amistad. La verdad es que esto ha sumado
una preocupación más a las que ya tenía. Si supieras todo lo que
se me pasa por la cabeza.
Vuelve pronto, quizas tú, la voz de la
razón en esta familia, pueda aclararme las ideas.
Tu hermano,
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