Berlín, 15 de noviembre de 1919
Mi añorado hijo,
¡Te echaba tanto de menos! Ha sido un sufrimiento todo este tiempo sin saber de ti.
Primero déjame disculparme porque sé que esperabas noticias de tu hermano y no mías, pero yo abrí la carta y me aliviaron mucho tus palabras. Tu hermano salió hace dos semanas hacia Londres y no he vuelto a saber de él.Estaba muy nervioso, no sé qué se trae entre manos. ¡Por Dios, me vais a matar los dos!
Me alegra tanto que estés bien. Hijo, te mando algo de dinero, espero que no se pierda por el camino. Hay tanto miserable suelto... Acéptalo, por favor. No quiero que mi hijo esté ahogado en la miseria.
Deberías volver y dejarte esas tonterías en las que andas metido. Aún no es tarde para ti aquí. Verás, queríamos prometer a la joven hija de los Niemann con tu hermano, pero éste la rechazó. Pienso que haría mejor pareja contigo, es una joven muy hermosa y heredera de una gran fortuna. Prométeme que lo pensarás. No seas cabezota.
Bueno, mi querido Oliver, tengo que dejarte. Debo contarle a tu padre sobre ti. Qué alegría, mi vida.
Un abrazo muy fuerte,
tu madre, que no te olvida.
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