Londres, 20 de diciembre de 1919
He recibido tu carta hace unas horas, sin embargo, ya
conocía brevemente lo que en ella me cuentas y me pides. Alina lo comentaba en
su última carta y Grace, a su vez, me lo comunico a mí. Al principio consideré
tu propuesta, pues me encantaría tener cerca a una amiga como Alina. Pero una
conversación con Grace me hizo recapacitar.
El deseo de Alina no es vivir en Londres, sobre todo,
teniendo en cuenta todo el esfuerzo que le supuso llegar a Estados Unidos. Además,
sé de primera mano que ser enfermera es su vocación y, lamentablemente, mis
mejores contactos en Londres no se encuentran en el ámbito de la medicina. Puedo
imaginar tu preocupación cuando leas estas líneas, pero déjala a un lado, porque has conocido a Alina, y sabrás que es una mujer muy capaz de cuidar sí misma.
Si mi memoria no falla, en Detroit vive un tal Dr. Taylor. Lo recuerdo porque
atendió a mi tía Anna que sufrió un pequeño desmayo durante una cena benéfica.
Fue amable y mi tía estuvo varias semanas hablando de lo ocurrido y del doctor.
Le he pedido su dirección a mi tía Anna y te envío una tarjeta junto a esta
carta.
Imagino que la próxima vez que te escriba, será a tierras
asiáticas. Es una decisión difícil, pero sé que harás una buena labor y
ayudarás en todo lo que puedas.
Aunque me apena que no hayas podido venir por Navidad tal como
hablamos, he de decirte que no hubiese sido una visita cómoda para ti. La
situación en casa es complicada. Mi enlace con Grace no ha seguido adelante.
Lamento no poder dar más detalles, pero no soy capaz de hablar sobre ello en
estos momentos. Solo quería que lo supieras.
No puedo terminar esta carta sin decirte lo mucho que siento
la muerte de tu amigo Paul, de veras hice todo lo que estaba en mi mano en esos
momentos.
Espero noticias todo lo pronto que sea posible. Feliz
Navidad, Michael, y buen viaje.
Tu amigo,
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