Las cartas de este blog cuentan una historia. Para comenzarla, debes dirigirte a la primera entrada.

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martes, 24 de mayo de 2016

Londres, 24 de diciembre de 1919
Querido...
En realidad, ésta es la primera vez que me decido a escribir un diario, así que, se me hace raro lo de encabezar una ¿carta? aludiendo a un ser inanimado. ¿Por qué ahora? Voy a comenzar una nueva vida, lejos de los que siempre han sido mi familia, lejos de mi país y lejos de mi casa. Por eso, me gustaría mantener siempre vivo, a través de mis palabras, lo que significa todo esto y lo que vendrá. 

Hoy mi familia anda como loca preparando el día de Navidad. Cuando mi cabeza está en otra parte. Donde quiera que esté ahora mismo mi Roderick. Confirmé que le amaba en cuanto me anunció que vendría a buscarme para fugarnos juntos y mi corazón se iluminó. Intenté engañarme, intenté querer a Atticus. Y de veras, de veras que le aprecio y desearía no hacerle daño. Pero nunca podría llegar a amarle, porque ya conozco lo que es el amor, y eso sólo lo puedo sentir por Roderick.

Nos lo demostramos en aquella noche en que vino a buscarme. Apenas recuerdo cómo era aquel hostal, porque nada en este mundo me importaba más que estar junto a él. El beso que lo desató todo, aquel que empezó tan tierno y que acabó con furia, desatada por el tiempo de espera. No dudé un instante que lo que iba a suceder, era lo que realmente quería. Roderick comenzó a quitarme la ropa lentamente, como si disfrutara al hacerlo, hasta que me contempló completamente desnuda. Se quedó unos segundos parado, esperando mi aprobación, hasta que se la di ayudándole a desvestirse. Recorrió cada rincón de mi cuerpo con la yema de sus dedos, hizo que los escalofríos me recorrieran. Y en ese mar de besos y caricias que éramos, fuimos uno. A la mañana siguiente no quería separarme de él, despertarme abrazada a él ha sido la sensación más maravillosa que he vivido nunca. Pero sabíamos que teníamos mucho que hacer. 

Unos días después, en medio de los preparativos para marcharnos, Roderick me citó en una cafetería. Quería presentarme al amigo que le había estado aconsejando todo este tiempo y que posiblemente podría ayudarnos... Nunca pude imaginar que ese amigo iba a ser Atticus. Pude ver la furia en sus ojos y el dolor. Atticus cerró los puños, miró a Roderick. Tuve miedo de que acabaran hiriéndose, pero Atticus sería incapaz de herir nunca a nadie, de ninguna forma. Así que simplemente se marchó. 

Yo no quería que todo acabara así. No se lo merecía, por lo que le cité para explicarme. Dudé en si aparecería, pero lo hizo. Al principio no quería mirarme, viví la fuerza de sus palabras, y no rechisté. Pero, a pesar del dolor creado, Atticus parecía entenderme en eso de que yo estuviera enamorada de quien no debía y en que quisiera seguirlo, y le sentía más resentido por todo el empeño que había puesto en intentar hacerme feliz para que yo lo rompiera. Y entonces le pregunté abiertamente si él había atravesado algo parecido. ¡Pues claro! En mi locura por Roderick no había visto que no era la única alma en este mundo enamorada. No quiso entrar en detalles, y yo tampoco estaba en el derecho de pedirlos, pero espero que me copie. Le aseguré que no tendrá que preocuparse por nada, en mi huída lo dejaré todo arreglado para que nuestras familias no interfieran y no le causen problemas. 

Basta por hoy, seguiré ordenando mis ideas en otro momento. 

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