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miércoles, 11 de mayo de 2016

Detroit, 5 de noviembre de 1919

Hermano:

Sé que ha pasado mucho tiempo, no nos separamos en los mejores términos y no tengo excusa para no haber escrito desde que salí de Berlín hace ya dos años.
He de admitir que me avergonzaba escribir, el primer año fue duro económicamente y la cosa emperoró cuando empecé a juntarme con malas compañías... Sólo diré que hay una amplia red de apuestas ilegales en Detroit.

Pero desde la última Navidad, cuando me vi solo, sin cenar con vosotros, sin nada, decidí enmendarme. Con la ayuda de mi amigo Dirk, un compatriota de Hamburgo que frecuentaba los mismos bajos fondos que yo porque tampoco tenía elección, pero de buen corazón y olfato para las apuestas, empezamos a ganar y ahorrar algo de dinero.

Por eso he decidido escribirte ahora, cuando puedo anunciarte que soy el humilde co-propiertario de un restaurante alemán en Detroit. Se llama Nibelungen. Dirk se encarga de la cocina y yo del bar.
Abrimos hace unos tres meses y de momento funciona muy bien. Está situado en un barrio donde casi todos somos inmigrantes, así que la clientela es de todo tipo y por lo menos en lo que se refiere a bebidas, nos adaptamos a todos los gustos.

Mírame, presumiendo como un padre primerizo cuando debería estar suplicándote perdón por haber partido en tan malos términos. Pero no podía aguantar más las pretensiones de nuestros padres, sobre todo con el escalofriante panorama en el país, las carencias de todo...Y ellos solo pensando en trepar socialmente.
Por eso vine a Estados Unidos, para labrarme un nombre por mí mismo y para no depender de otros y por fin parece que mi vida se encauza.

Querido Roderick, transmite mi afecto a nuestros padres (aunque no apruebe sus ideales no significa que no los quiera y me preocupe por todos vosotros), cuídate y si lo tienes a bien, escribe.

Un fuerte abrazo, 

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